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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que contar y contarlo" (Oscar Wilde). "Me he dedicado a investigar la vida y no sé por qué ni para qué existe" (Severo Ochoa).
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sábado, 8 de agosto de 2026

El elefante marino, una foca de tamaño colosal

Hay animales que parecen diseñados para desafiar nuestra imaginación. El elefante marino es uno de ellos. Cuando un enorme macho de Mirounga leonina emerge del agua y se arrastra pesadamente por una playa antártica, resulta difícil pensar que aquel cuerpo de varios miles de kilos pueda desplazarse con soltura por las profundidades del océano. Y, sin embargo, bajo esa apariencia torpe se esconde uno de los mamíferos marinos mejor adaptados a la vida en alta mar.

Porque el elefante marino no es solamente una foca gigantesca. Es la foca de mayor tamaño del mundo y uno de los mamíferos capaces de realizar las inmersiones más extraordinarias conocidas. Puede permanecer durante largos periodos sin respirar y descender a profundidades que superarían con creces los límites de cualquier submarinista humano. Pero, además, su historia está marcada por la explotación, una recuperación que llegó a parecer milagrosa y, en los últimos años, una nueva amenaza que ha obligado a revisar su situación de conservación.

Aunque hablamos habitualmente de «el elefante marino», en realidad existen dos especies: el elefante marino del norte, Mirounga angustirostris, y el elefante marino del sur, Mirounga leonina. Son especies hermanas, pero viven separadas por miles de kilómetros y sus historias evolutivas han sido diferentes.

La historia científica del género comienza en el siglo XVIII. Carlos Linneo describió en 1758 el elefante marino del sur, al que denominó Phoca leonina. Posteriormente, en 1827, el zoólogo británico John Edward Gray creó el género Mirounga, nombre relacionado con una denominación indígena australiana utilizada para referirse a estos animales. 

El elefante marino del norte tuvo una historia taxonómica algo posterior. Thomas Gill lo describió en 1866, inicialmente bajo el nombre Macrorhinus angustirostris, aunque posteriormente quedó incluido en el género Mirounga

Pero quizá el episodio más llamativo de su historia no tenga que ver con su descubrimiento científico, sino con el hecho de que durante un tiempo se llegó a pensar que el elefante marino del norte había desaparecido para siempre. Durante los siglos XVIII y XIX fue perseguido intensamente para obtener aceite de su enorme capa de grasa. La caza fue tan intensa que la población quedó reducida a unas pocas decenas de ejemplares y la especie llegó a considerarse extinguida. En 1892 se localizaron algunos animales supervivientes en la isla Guadalupe, frente a la costa mexicana. La población se encontraba en una situación tan crítica que aquellos pocos supervivientes eran prácticamente los últimos representantes de su especie. 

Antigua foto de un elefante marino del norte en isla Guadalupe. Fuente.

La protección legal permitió entonces una de las recuperaciones más espectaculares conocidas entre los mamíferos marinos. Actualmente, el elefante marino del norte cuenta con una población de cientos de miles de ejemplares y vuelve a reproducirse a lo largo de las costas occidentales de Norteamérica. Sin embargo, la recuperación demográfica tuvo un precio genético. Un estudio genómico publicado en 2024 en Nature Ecology & Evolution mostró que la población actual conserva una diversidad genética extraordinariamente baja como consecuencia del cuello de botella sufrido durante la persecución. 

Ese mismo trabajo resulta especialmente interesante porque comparó genomas completos de ejemplares de las dos especies. Los investigadores analizaron 20 elefantes marinos del norte y 20 del sur y confirmaron que ambas especies son linajes evolutivos claramente diferenciados, aunque relativamente recientes desde el punto de vista genético. Las estimaciones sitúan su separación entre hace aproximadamente 0,6 y 4 millones de años. La comparación también puso de manifiesto una diferencia genética extraordinaria: la diversidad nucleotídica del elefante marino del norte era casi un orden de magnitud inferior a la del elefante marino del sur. 

A simple vista tampoco resulta demasiado complicado distinguirlos, especialmente cuando se observan machos adultos. El elefante marino del sur es el mayor de los dos y puede alcanzar unos 5-6 metros de longitud y alrededor de 4.000-5.000 kg en los ejemplares más grandes. Las hembras son mucho más pequeñas, generalmente de unos 3 metros y varios cientos de kilos. Esta diferencia entre sexos es uno de los ejemplos más extremos de dimorfismo sexual en los mamíferos. 

Los machos poseen además una característica que explica su nombre común: una especie de trompa o probóscide que se desarrolla con la madurez sexual. No es una verdadera trompa, por supuesto, sino una prolongación de los tejidos nasales. En los machos adultos sirve para amplificar los sonidos que producen y desempeña un papel fundamental durante las exhibiciones territoriales. El elefante marino del norte suele presentar una probóscide todavía más desarrollada y un escudo de piel gruesa en el cuello y el pecho, utilizado como protección durante los combates entre machos. 

Comparativa entre las dos especies de elefante marino. Fuente.

En tierra, estos gigantes pueden parecer animales torpes y poco agraciados. En el agua, sin embargo, la impresión cambia radicalmente. Su cuerpo fusiforme, las extremidades transformadas en aletas y una gruesa capa de grasa proporcionan una combinación extraordinariamente eficaz de hidrodinámica, aislamiento térmico y almacenamiento energético.

Esta grasa resulta fundamental para sobrevivir en aguas frías, pero también constituye una reserva de energía. El elefante marino pasa buena parte de su vida en el océano y realiza migraciones de enormes dimensiones. El del sur posee una distribución circumpolar y se reproduce principalmente en islas subantárticas y en algunos enclaves continentales, como la península Valdés, en Argentina. Después de reproducirse y mudar el pelaje, abandona las colonias y puede recorrer miles de kilómetros para alimentarse en el océano Austral. Investigaciones basadas en dispositivos de seguimiento colocados sobre los animales han permitido reconstruir cientos de miles de localizaciones y descubrir que sus desplazamientos siguen patrones mucho más complejos de lo que sugería la simple idea de una migración de ida y vuelta. 

Y es precisamente bajo el agua donde el elefante marino muestra algunas de sus capacidades más sorprendentes. Es un extraordinario buceador. Se han registrado inmersiones de más de 1.500 metros y duraciones próximas a las dos horas, aunque la profundidad y duración varían según el individuo, la población y la actividad desarrollada. 

Pero, ¿Cómo consiguen estos animales alcanzar semejantes profundidades?

La respuesta está en un conjunto de adaptaciones fisiológicas. Los elefantes marinos poseen grandes reservas de oxígeno almacenadas en la sangre y los músculos, gracias a elevadas concentraciones de hemoglobina y mioglobina. Durante la inmersión reducen considerablemente su frecuencia cardiaca y redistribuyen el flujo sanguíneo hacia los órganos más sensibles a la falta de oxígeno, mientras disminuyen el aporte a tejidos menos prioritarios. De esta manera pueden permanecer mucho tiempo sin renovar el aire de sus pulmones.

Además, la profundidad no constituye para ellos el mismo problema que para un humano. Durante el descenso, sus pulmones pueden comprimirse y el animal reduce el intercambio gaseoso pulmonar, disminuyendo así el riesgo de problemas relacionados con un exceso de absorción de nitrógeno al aumentar la presión. Es una auténtica máquina biológica de buceo.

Lucha entre dos machos de elefante marino del norte. Fuente.

Su alimentación también está relacionada con esta capacidad. Los elefantes marinos capturan principalmente peces y cefalópodos, aunque la composición de la dieta varía considerablemente entre poblaciones y regiones. En algunas zonas antárticas, los calamares constituyen una parte fundamental de la alimentación. Un estudio realizado en las islas Shetland del Sur identificó siete especies de calamar y tres de pulpo en la dieta, con Psychroteuthis glacialis como presa predominante. 

La reproducción es otro espectáculo extraordinario. Cada año, los adultos regresan a las colonias donde nacieron o se reprodujeron anteriormente. Los machos llegan primero y compiten por el acceso a las hembras. Las luchas pueden ser violentas: los contendientes se levantan parcialmente sobre el cuerpo, se golpean y se muerden utilizando sus enormes cuerpos y dientes. Los machos dominantes pueden controlar harenes de numerosas hembras y reproducirse con ellas.

Las hembras llegan a tierra ya preñadas y, poco después, paren una única cría. Durante aproximadamente tres semanas permanecen en la colonia sin alimentarse, utilizando las reservas acumuladas durante sus viajes oceánicos. La leche materna es extraordinariamente energética y permite que las crías aumenten rápidamente de peso. Después del destete, la madre abandona la colonia y la cría debe afrontar por sí sola un periodo de ayuno antes de comenzar a alimentarse en el mar. 

El macho también ayuna durante buena parte de la temporada reproductora. Puede permanecer varias semanas en tierra defendiendo su posición y a las hembras sin ingerir alimento. En una población estudiada en la península Valdés, los machos permanecieron entre 57 y 80 días en tierra durante la época reproductora, mientras que las hembras permanecieron alrededor de 28 días. 

Durante décadas, la historia parecía haber terminado bien para ambas especies. La caza comercial desapareció y las poblaciones se recuperaron. Sin embargo, los océanos están cambiando y el elefante marino depende de ellos para encontrar las enormes cantidades de alimento que necesita. Las modificaciones en la temperatura, productividad y distribución de las presas pueden afectar a su éxito reproductor y supervivencia. Algunas poblaciones del elefante marino del sur ya habían experimentado descensos relacionados con cambios en las condiciones oceánicas y en la disponibilidad de alimento. 

Pero en los últimos años ha aparecido una amenaza completamente inesperada: la gripe aviar altamente patógena H5N1.

En 2023 se produjo una mortalidad masiva de elefantes marinos del sur en la Patagonia argentina. En algunas colonias murió más del 90 % de las crías. La enfermedad alcanzó posteriormente otras poblaciones del hemisferio sur y afectó especialmente a animales que se concentran en grandes cantidades durante la época reproductora. La situación fue tan grave que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) modificó en 2026 la categoría de conservación del elefante marino del sur, que pasó de «Preocupación menor» a «Vulnerable». La gripe aviar ha afectado a cuatro de sus cinco grandes subpoblaciones y ha provocado una mortalidad especialmente elevada entre las crías y, en algunos lugares, también entre los adultos. 

Sello postal de Australia con la imagen de una hembra de elefante marino del sur y su cría. Fuente.

La enfermedad plantea además una cuestión inquietante: ¿podría el cambio climático favorecer la aparición y propagación de nuevos patógenos en ecosistemas donde históricamente los animales habían tenido una exposición limitada? La propia UICN ha advertido de que el calentamiento global podría incrementar el riesgo de enfermedades infecciosas para los mamíferos marinos, especialmente en regiones polares y subpolares. 

La situación del elefante marino del norte es bastante diferente. La especie está actualmente considerada de «Preocupación menor» por la UICN y constituye uno de los mejores ejemplos de cómo una población de mamíferos marinos puede recuperarse cuando se elimina la presión directa de la explotación. Pero su historia genética recuerda que una recuperación en número no significa necesariamente que todas las consecuencias de una casi extinción hayan desaparecido. Su reducida diversidad genética es una huella permanente de aquella persecución. 

Para el elefante marino del sur existen además medidas específicas de conservación. Australia mantiene un plan de recuperación para esta especie, cuyo objetivo es mantener los niveles de protección, favorecer la recuperación de las poblaciones y evitar que las actividades humanas limiten su crecimiento. 

Probablemente una de las cosas más fascinantes del elefante marino sea que su propia existencia constituye una ventana abierta hacia un mundo que nosotros apenas podemos explorar. Los científicos han utilizado durante décadas a estos animales como auténticos oceanógrafos vivientes. Los dispositivos instalados sobre sus cuerpos permiten registrar profundidad, temperatura, salinidad y localización mientras realizan sus viajes por zonas del océano inaccesibles para la mayoría de los instrumentos de observación convencionales. De este modo, estudiar a un elefante marino no solo sirve para conocer mejor a la especie: también proporciona información sobre el funcionamiento de los ecosistemas marinos que habita.

Un elefante marino del sur junto a una colonia de pingüinos. Fuente.

El gigante que parece incapaz de moverse con elegancia sobre una playa se convierte así, bajo la superficie del océano, en un viajero incansable capaz de recorrer miles de kilómetros y sumergirse hasta profundidades extraordinarias. Su enorme tamaño, su probóscide, sus combates y sus harenes son quizá las características que más llaman nuestra atención, pero detrás de ellas existe algo mucho más interesante: una compleja maquinaria evolutiva que le ha permitido conquistar uno de los ambientes más extremos del planeta.

Y su historia también nos recuerda algo importante. El elefante marino estuvo a punto de desaparecer por culpa de nuestra propia especie y consiguió recuperarse gracias a la protección. Ahora, cuando parecía que aquella batalla pertenecía al pasado, una enfermedad emergente y los cambios ambientales vuelven a poner a prueba su capacidad de resistencia. Quizá esa sea la mejor lección que nos ofrece este gigantesco habitante de los océanos: la conservación no consiste únicamente en evitar que una especie desaparezca. Consiste también en conseguir que pueda seguir teniendo un futuro cuando las condiciones del mundo cambian.

Más información sobre los elefantes marinos:

Vídeo sobre las luchas de los elefantes marinos en época reproductora (audio en inglés)

Vídeo de Nat Geo Wild titulado "Orca vs elefante marino"

https://elephantseal.org/facts/

https://www.fisheries.noaa.gov/species/northern-elephant-seal

https://oceanwide-expeditions.com/es/destacados/vida-silvestre/elephant-seal?srsltid=AfmBOoqve51wVfn7MypOBDXLhRIrJHDnKvg0IYgWTKG1jBLZ05cipD8u

El elefante marino del norte en IUCN Red List

El elefante marino del sur en IUCN Red List

https://www.wildlifenomads.com/blog/elephant-seals-facts/

https://www.nationalgeographic.com/animals/mammals/facts/elephant-seals

https://www.ucdavis.edu/health/news/elephant-seal-colony-declines-one-year-after-avian-flu-outbreak

https://www.nps.gov/places/northern-elephant-seal.htm?utm_source=chatgpt.com

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8233432/?utm_source=chatgpt.com

https://en.wikipedia.org/wiki/Southern_elephant_seal

https://en.wikipedia.org/wiki/Northern_elephant_seal