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martes, 7 de diciembre de 2021

El caballo de Przewalski: viaje de ida y vuelta a la extinción

A pesar de su capacidad para reproducirse entre sí dejando descendencia fértil, aún hoy en día se debate acerca de la relación filogenética entre el caballo de Przewalski (pronunciado shuvalski) y el caballo doméstico. No hay unanimidad al respecto entre los expertos, ya que por ejemplo los análisis genéticos arrojan diferente dotación cromosómica para ambos animales (66 cromosomas en Przewalski y 64 en el caballo doméstico). Este hecho supone que los caballos de Przewalski difieren más de los caballos domésticos que dos razas cualesquiera de estos últimos entre sí. Además, los análisis de ADN mitocondrial han demostrado que los caballos domésticos actuales no descienden del caballo de Przewalski. A todo esto habría que añadir importantes diferencias morfológicas entre ambos. Sin embargo, son muchas las similitudes serológicas y genéticas demostradas por los análisis a nivel molecular. La mayoría de variantes proteicas sanguíneas coinciden en ambos (existiendo en los animales salvajes muy pocos alelos específicos) y la región del ADN de más rápida evolución en los mamíferos (la región de control del ADN mitocondrial) no muestra diferencias significativas entre ambos tipos de caballo. Basándose en el alto grado de parecido genético, la tendencia actual mayoritaria del mundo científico es a considerar ambos animales pertenecientes a la especie Equus ferus, diferenciándose en ella las subespecies E. f. przewalski y E. f. caballus (esta última englobaría a todos los caballos domesticados actuales). La divergencia evolutiva entre ambas poblaciones de caballos se sitúa en un rango temporal de entre 150.000 y 250.000 años atrás. 

Caballo de Przewalski (fuente).

El caballo de Przewalski es considerado el único caballo verdaderamente salvaje existente en nuestros días. Los caballos cimarrones de Norteamérica y otros lugares del mundo no son verdaderos animales salvajes, ya que descienden de poblaciones de caballos previamente domesticados. 

Conocido con el nombre de takh en idioma mongol, las primeras pruebas de la existencia del animal están constituidas por grabados rupestres en cuevas de Italia, Francia y el norte de España con una antigüedad de entre 9.000 y 20.000 años. Las primeras evidencias escritas datan del año 900, cuando fue mencionado en los escritos de un monje tibetano llamado Bodowa. Más adelante, el guerrero y conquistador Gengis Kan haría referencia al avistamiento del caballo durante sus conquistas. En el siglo XV el escritor alemán Johann Schiltberger mencionaría al takh en sus escritos y en 1630 un ejemplar del animal fue supuestamente presentado ante el emperador de Manchuria.

Sin embargo, quien pasaría a la historia como el descubridor oficial del animal sería Nikolai Przewalski, naturalista y explorador ruso que sirvió como oficial en el ejército de su país. En 1878, al regreso de una expedición en Asia central recibió un cráneo del caballo de manos de un dignatario a modo de obsequio. Dicho cráneo sería llevado a examinar a la Academia Rusa de las Ciencias (San Petersburgo), donde el zoólogo Ivan Polyakov determinaría que se trataba de una especie de caballo salvaje hasta aquel momento desconocida para la ciencia, bautizándola como Equus Przewalski en 1881.

En las dos décadas siguientes a su descubrimiento, las expediciones para dar caza al animal se sucedieron. Quienes lo intentaban, aseguraban que estos caballos no eran fáciles de capturar. Se referían a ellos como animales muy tímidos, con un buen sentido del olfato y siempre atentos a posibles amenazas. En la mayoría de los intentos, los cazadores sólo eran capaces de apresar potros y para hacerlo frecuentemente debían matar a los sementales. Este hecho comenzó a poner en peligro las poblaciones salvajes del takh, que junto con las poblaciones de caballos cautivos en parques zoológicos, comenzaron a declinar drásticamente después de la segunda guerra mundial. En las décadas de 1940 y 1950 sólo era posible ver pequeños grupos del animal en libertad en determinadas áreas de Mongolia. Además de la caza, una serie de inviernos anormalmente fríos y un pastoreo excesivo también contribuyeron a diezmar las poblaciones. En cuanto a los ejemplares en cautividad, su número cayó hasta sólo 12 individuos reproductores en la década de 1950. En 1959 el zoológico de Praga pondría en marcha un registro genealógico que junto al trabajo desarrollado por diversos grupos conservacionistas, daría como resultado un considerable incremento del número de ejemplares reproductores cautivos, el cual llegaría a superar ampliamente el centenar en 1965. No pasaría lo mismo con las poblaciones en libertad. El último avistamiento confirmado en estado salvaje de un ejemplar (se trataba de un macho adulto) fue realizado por el zoólogo mongol N. Dovchin en 1969. Las subsiguientes expediciones anuales llevadas a cabo por científicos de Mongolia, Unión Soviética o China no fueron capaces de encontrar ninguna evidencia que probase la supervivencia de grupo alguno de estos caballos. Las últimas poblaciones nativas salvajes habían desaparecido.

Sello postal con la imagen del caballo de Przewalski (fuente).

A partir de este momento, comenzaron a desarrollarse programas para la cría en cautividad de los animales, de tal manera que en 1990 había casi un millar de caballos criados por instituciones de 33 países diferentes repartidos por cuatro continentes, número suficiente para intentar reintroducir el takh en libertad. De todos ellos, tan sólo 12 serían utilizados para formar el núcleo reproductor del que descienden todos los caballos actuales en estado salvaje. Además, cuatro animales domésticos formaban parte de dicho núcleo, a pesar de lo cual, ha sido demostrado que las poblaciones actuales de takh salvajes son genéticamente muy similares a los individuos "originales" anteriores al último avistamiento de 1969.
Pese a que en tiempos prehistóricos llegó a habitar Europa occidental, durante el siglo XVIII el rango de distribución del caballo de Przewalski abarcaba las estepas rusas extendiéndose hacia Kazajistán, el noroeste de China y Mongolia. Fue este último país (donde había sido realizado el último avistamiento) el pionero en realizar la suelta de ejemplares criados en cautiverio.

Quizás la década de los 90 fue el momento propicio para la reintroducción del takh en estado salvaje gracias a los cambios políticos sufridos por Mongolia en esos años, dejando atrás un régimen socialista bajo cuyo mandato probablemente no hubiera sido posible tal proyecto. En la actualidad pueden contarse unos 400 caballos salvajes en el país centroasiático, sumando a los ejemplares reintroducidos  sus descendientes. 
Entre 1992 y 2004, noventa caballos nacidos en cautividad fueron puestos en libertad en el Área de Protección del Gran Gobi, al suroeste del país. Otro núcleo de protección lo constituye el Parque Nacional Hustai, situado no muy lejos al oeste de la capital del estado (Ulaanbaatar). En él fueron reintroducidos 84 takh entre 1992 y 2004. Un último lugar de reintroducción iniciado en 2004 lo constituye el área protegida de Khomiin Tal, dentro del Parque Nacional Har Us Nuur
Asimismo, China también está llevando a cabo un programa de reintroducción en libertad en dos zonas del noroeste del país: la Reserva Natural de Kalamaili (Xinjiang) y la Reserva Natural Nacional de Dunhuang Xihu (Gansu). 

Gracias a las mencionadas acciones conservacionistas las poblaciones de estos caballos están incrementando sus efectivos. Sin embargo, la subespecie aún se encuentra en peligro de extinción según la clasificación de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).

Áreas de reintroducción del takh (fuente).

En el pasado el caballo de Przewalski habitó estepas y semi desiertos. Debido a que la mayor parte de estas áreas han sido convertidas a la agricultura, degradadas u ocupadas por ganado doméstico, el animal se ha visto relegado a zonas con disponibilidad limitada de agua. Han sido vistos pasando el día en el desierto, viajando después de la puesta de sol a zonas donde pastar y beber y retornando por la mañana al desierto. Viven en manadas formadas por varias hembras adultas lideradas por un macho. En algunos casos se pueden ver machos jóvenes o individuos débiles solitarios que han sido expulsados del grupo por el macho dominante. 
Además de las ya citadas, otras amenazas para las poblaciones de estos caballos pueden ser la hibridación con caballos domésticos (que causaría transmisión de enfermedades infecciosas y parasitarias) y las actividades extractivas en su área de distribución, como determinadas explotaciones mineras ilegales detectadas recientemente.

No corrió la misma suerte que el caballo de Przewalski su pariente el tarpán o caballo salvaje euroasiático. Se trata de una tercera subespecie de caballos (Equus ferus ferus) que desapareció por completo en las últimas décadas del siglo XIX. Los expertos lo sitúan como el antepasado de los caballos domésticos actuales. Un estudio del año 2009 utilizando ADN recuperado de restos paleontológicos sugirió que el tarpán compartía especie con el caballo de Przewalski y por tanto también con el caballo doméstico. Posteriormente, estudios del ADN mitocondrial mostrarían que el tarpán divergió evolutivamente del caballo de Przewalski hace unos 160.000 años.

 No hay consenso acerca de la fecha exacta de su extinción, pero se cree que el último ejemplar en estado salvaje desapareció en la segunda mitad de la década de 1870, mientras el último animal domesticado lo habría hecho en la década de 1880. 

Esta es la única foto que se conoce de un supuesto tarpán vivo. Fue tomada en el zoo de Moscú en 1884 y podría tratarse de un animal cruzado con caballos domésticos. (fuente).

Al igual que su pariente el caballo de Przewalski, el tarpán mostraba rasgos primitivos. Existieron dos variedades del animal: la variedad de las estepas y la variedad de los bosques. 

El primer tipo habitó las estepas del este de Europa y oeste de Asia así como algunos bosques abiertos. Fue la variedad que sobrevivió más tiempo, desapareciendo definitivamente a finales del siglo XIX. Poseía una altura en la cruz de aproximadamente 130 centímetros. Su pelaje era gris en varias tonalidades, con algunos ejemplares de color más amarillento. Una línea negra recorría su lomo y sus extremidades solían ser oscuras. Su crin era erizada y sus orejas alargadas. Aguantaba bien las bajas temperaturas y poseía gran fuerza y resistencia física.

El segundo tipo habitó los bosques de Europa central (principalmente Polonia y Alemania). Se extinguió mucho primero, los últimos individuos fueron entregados a ganaderos locales antes de 1820, mezclándose con la raza konik de caballo doméstico, originaria de Polonia y también de pequeña alzada. 

Por último señalar que a partir de 1930 se inició un intento por recuperar los rasgos del tarpán a partir de la cría selectiva cruzando determinadas razas domésticas, dando lugar a animales con apariencia primitiva y resultando en la creación de nuevas razas como el caballo de Heck


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