Vistas de página en total


"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que contar y contarlo" (Oscar Wilde). "Me he dedicado a investigar la vida y no sé por qué ni para qué existe" (Severo Ochoa).
Mostrando entradas con la etiqueta tortuga de isla Pinta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tortuga de isla Pinta. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de agosto de 2023

Las tortugas de Galápagos, gigantes al borde del exterminio

 El archipiélago de Galápagos se ubica en el océano Pacífico, 972 kilómetros al oeste de la costa de Ecuador y depende administrativamente de dicho estado desde 1832. Está atravesado por la línea del ecuador, siendo uno de los dos únicos archipiélagos del mundo -junto al archipiélago malayo o Insulindia- con territorios tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur. Se trata, además, del segundo archipiélago con más actividad volcánica del planeta, superado únicamente por las islas Hawaii. Lo conforman trece islas grandes, nueve islas medianas y más de cien islotes y promontorios rocosos. Constituye una de las mayores reservas marinas del planeta y fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1978 y Reserva de la Biosfera en 1985 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). 

Las islas fueron descubiertas por casualidad en marzo de 1535 por el religioso dominico español y obispo de Panamá Fray Tomás de Berlanga, cuando su barco se desvió de su destino a Perú, país al que se dirigía para cumplir un encargo del rey español Carlos V. En su primer informe, Berlanga las describiría como "unas islas inhóspitas, en mitad del Pacífico, habitadas por enormes tortugas y diversos tipos de iguanas". No sería hasta 1570 cuando estos territorios aparecerían por primera vez en los mapas realizados por cartógrafos flamencos bajo el nombre de Insulae Galopegos, en referencia a un tipo de silla de montar, ya que a los primeros visitantes les llamó la atención la forma de los caparazones de las tortugas gigantes, sobre las cuales era posible incluso cabalgar cómodamente. Sin embargo, los marineros de la época las conocían como "islas Encantadas", por la forma arbitraria en que estas aparecen y desaparecen en el horizonte al navegar. Por aquel entonces se encontraban deshabitadas y tan sólo eran usadas como refugio por algunos piratas para esconderse y asaltar los galeones españoles que transportaban oro y plata desde América hasta España. Los primeros pobladores llegaron a las islas en el siglo XVII, en su mayoría ingleses atraídos por la industria incipiente generada en torno a especies ricas en carne y aceite como ballenas, cachalotes, leones marinos y las propias tortugas. En enero de 1832, una expedición ecuatoriana bajo el gobierno del General Juan José Flores (primer presidente de la República de Ecuador), partiría hacia las islas para anexarlas bajo el nombre oficial de archipiélago de Colón.

Probablemente el acontecimiento más importante y por el cual las islas Galápagos son hoy en día mundialmente conocidas, haya sido el estudio de su biología y geología por Charles Darwin a bordo del bergantín HMS Beagle, como parte de la expedición británica capitaneada por Robert FitzRoy que daría la vuelta al mundo entre 1831 y 1836. Las investigaciones llevadas a cabo por Darwin durante la expedición le llevarían a formular su famosa teoría sobre el origen de las especies, teoría evolutiva mayoritariamente aceptada hoy en día por el mundo científico.

Entre la enorme biodiversidad del archipiélago destaca el complejo Chelonoidis nigra, un grupo de especies de tortugas de gran tamaño que habitan diferentes islas y a las que se considera estrechamente relacionadas, ya que no hay entre ellas un aislamiento reproductivo total, seguramente debido a su "reciente" formación evolutiva, pudiendo generar híbridos viables. La taxonomía del grupo aún está abierta a variaciones y depende de la fuente consultada, pero la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) considera el complejo dividido en once variedades aún vivas a las que podríamos sumar otras dos ya extintas. Un estudio genético comparativo publicado en 2006, indicaría que los antepasados de las tortugas gigantes de Galápagos habrían vivido en África. En el Oligoceno, a consecuencia de una serie de inundaciones en los ríos del oeste africano, estas tortugas se habrían visto obligadas a migrar cruzando el océano Atlántico y alcanzando Sudamérica. El titánico viaje habría sido posible gracias a su flotabilidad y a su capacidad de sobrevivir largos periodos sin comida ni agua.

Tortuga gigante de Santa Cruz occidental (Chelonoidis porteri), fuente.

Se trata de las tortugas actuales de mayor tamaño, alcanzando longitudes de más de dos metros y pesos superiores a 200 kilos, con algunos ejemplares superando los 400. Los machos son más grandes que las hembras. Se encuentran además entre los vertebrados más longevos, con una esperanza de vida en el medio silvestre de más de 100 años, llegando hasta 170 años en cautividad. Una de las características diferenciales más llamativas es la forma de sus grandes caparazones óseos, que es distinta de unas variedades a otras como adaptación al ambiente de cada isla. Se reconocen tres formas básicas de los caparazones:

1) Caparazón con forma de domo. Característico de tortugas que habitan tierras altas y ambientes húmedos, como la variedad de isla Santa Cruz (segunda isla más grande del archipiélago) o las de ciertos volcanes en isla Isabela (la de mayor superficie). Sus caparazones son grandes y su cuello corto. Esta forma les permite desplazarse a través de la vegetación sin quedar atrapadas entre las ramas.

2) Caparazón con forma de silla de montar. Habitan tierras bajas en zonas desérticas, con poca vegetación. Poseen caparazones más pequeños y cuello más largo. La parte frontal del caparazón posee una forma que les permite estirar el cuello para alcanzar las partes altas de arbustos y cactus. Un ejemplo sería la tortuga de la isla Pinta (Abingdon).

3) Caparazón intermedio. Posee una mezcla de las características de los dos tipos anteriores. Su tamaño, así como la longitud del cuello de estas tortugas es también intermedio. Un ejemplo sería la tortuga de la isla San Cristóbal.

Independientemente de la forma de su caparazón, todas las variedades de tortugas del archipiélago poseían una característica común: su carne resultaba extremadamente sabrosa. Este hecho marcó el comienzo de su declive. Durante el siglo XVIII y principios del XIX la población de tortugas de las islas fue diezmada por marineros visitantes, balleneros y otras gentes del mar, de tal manera que algunas variedades fueron exterminadas. 

Macho de tortuga gigante de la isla Pinta (Chelonoidis abingdonii) en el zoo de Londres en 1914, fuente.

De entre las distintas variedades de tortugas gigantes de las Galápagos, una de las historias más interesantes es la de la tortuga de isla Pinta, también llamada isla Abingdon (Chelonoidis abingdonii). Durante los primeros años del siglo XX su población prácticamente había desaparecido. Las expediciones a la isla en las décadas de  1930 y 1950 no lograron encontrar ni un solo ejemplar (aunque hoy en día se sabe que pescadores locales capturaron y mataron algunos de estos animales para comérselos a principios de los años 50). Para empeorar las cosas, los humanos introdujeron cabras domésticas en la isla en 1959. La cubierta de vegetación -ya escasa de por sí- sería definitivamente eliminada por estas, generando un paisaje árido. Cuando se pensaba que ya no existían tortugas gigantes en la isla, al menos 28 ejemplares fueron descubiertos muertos en 1964. Parecían haber perecido unos cinco años atrás, lo que sugiere que estas tortugas aún existían durante las búsquedas de las décadas previas, pero consiguieron pasar desapercibidas para los exploradores.

Si embargo, su historia no terminaba aquí. En marzo de 1972 y para asombro del mundo científico, un espécimen fue encontrado vivo. No solo eso, sino que también fueron hallados rastros de más tortugas vivas. El ejemplar fue transportado a la Estación de Investigación Charles Darwin en la isla de Santa Cruz, donde fue bautizado como "Solitario George"

Se calculó la edad de esta tortuga en unos 62 años cuando fue encontrada, por lo que su nacimiento se produjo alrededor de 1910. Desgraciadamente, Solitario George murió en junio de 2012 sin dejar descendencia, ya que ningún intento de cruzarlo con hembras de otras variedades de tortugas de las Galápagos tuvo éxito. Desde 1972 hasta fecha de hoy, ninguna otra tortuga gigante de Pinta ha sido encontrada con vida y tampoco ha sido confirmada su existencia en ningún zoológico ni colección privada. A pesar de que los rastros de tortugas encontrados en 1972 han sido reforzados con el hallazgo en 1981 de excrementos que parecían tener unos pocos años de antigüedad, lo cierto es que Chelonoidis abingdonii es una de las dos especies del complejo que han sido declaradas extintas por la UICN (la otra es Chelonoidis niger, la tortuga gigante de Floreana).

Solitario George (Lonesome George) fue disecado y expuesto en el Museo de Historia Natural de Nueva York hasta 2017. Actualmente se expone en Puerto Ayora (Ecuador), fuente.

Mención especial merece también la tortuga gigante de isla Fernandina (Chelonoidis phantasticus). Es conocida como la "tortuga gigante fantástica", debido a la extraordinaria forma de los caparazones de los machos, que tienen un extremo ensanchado a lo largo del borde exterior y un llamativo respaldo en forma de silla de montar en la parte delantera. Esta especie, fue conocida durante más de un siglo por un único ejemplar recolectado en 1906 por el explorador Rollo Howard Beck, quien por aquel entonces lideró una expedición de la Academia de Ciencias de California a las islas Galápagos. Desde dicho hallazgo, la posible supervivencia de la tortuga de Fernandina había supuesto un reto a resolver para los científicos. En 1964 fueron encontrados restos fecales recientes en la isla atribuibles a 18 individuos de tortuga. Durante los primeros años de la década del 2000 se informó del hallazgo de más excrementos además de la posible observación de uno de estos animales desde un avión. En 2014, fueron encontrados de nuevo excrementos. 

Todo lo anterior hacía pensar que estas tortugas podrían permanecer vivas en la isla. Podemos sumar a ello el hecho de que grandes áreas de isla Fernandina han permanecido inexploradas durante mucho tiempo debido a los extensos campos de lava que bloquean el acceso a su interior (se trata de una isla con gran actividad volcánica). Hasta que en 2019, una expedición en la isla liderada por el aventurero norteamericano Forrest Galante, consiguió encontrar un ejemplar hembra después de seguir una serie de pistas que le llevaron hasta ella. Pero tras su descubrimiento, fueron muchos los expertos que dudaron de que el espécimen hallado y bautizado Fernanda, perteneciese realmente a la especie de isla Fernandina. Había características físicas que no encajaban con las del único ejemplar conocido hasta entonces, especialmente la falta del llamativo respaldo en forma de silla de montar situado en la parte delantera del caparazón. Aunque había que tener en cuenta que esta vez se trataba de una hembra y que mostraba un evidente retraso del crecimiento, por lo que las características típicas de su especie podrían haberse visto distorsionadas. Algunos expertos pensaron en un principio que se trataba de un ejemplar llevado a Fernandina desde otra isla, ya que estas tortugas no pueden nadar, pero flotan y pueden ser transportadas entre las islas durante huracanes y fuertes tormentas. También hay registros históricos de navegantes portando tortugas de unas islas a otras. 

Con el fin de desentrañar finalmente el misterio, científicos de la Universidad de Princeton secuenciaron su genoma completo y lo compararon con el del ejemplar recolectado en 1906. También compararon el ADN con el de las especies vivientes del complejo de las Galápagos, incluso con el de la especie extinta de isla Pinta. Llegaron a la conclusión -para sorpresa de muchos- de que el material genético de Fernanda era muy similar al de la primera tortuga recolectada en 1906 y claramente diferenciable del de las otras especies de tortugas de Galápagos. 

Los científicos se preguntan ahora si sobreviven más ejemplares de la tortuga de Fernandina, lo cual podría permitir poner en marcha un programa de cría en cautividad para recuperar la especie. 

Ejemplar de tortuga gigante de Fernandina (Chelonoidis phantasticus) capturado en la isla en 1906. Actualmente se encuentra depositado en la Academia de Ciencias de California, fuente.

Hace entre dos y tres millones de años, una tormenta transportó una o más tortugas desde el continente sudamericano (al que supuestamente habían llegado millones de años antes desde África) hasta las islas Galápagos. Al no poder nadar, estos animales se reproducen exclusivamente con los congéneres que habitan su misma isla, resultando en una rápida evolución. Todas las variedades que sobreviven hoy en día descienden de un ancestro común y están clasificadas por la UICN como vulnerables, en peligro o en peligro crítico de extinción. Se trata de unas poblaciones diezmadas por el ser humano siglos atrás tanto por su explotación para consumo directo como por la degradación de su hábitat. Los marineros descubrieron que eran animales fáciles de mantener en sus barcos, ya que pueden pasar largos periodos sin agua ni comida debido a su lento metabolismo.

Fernanda se encuentra actualmente en un centro de recuperación dentro del Parque Nacional Galápagos. Su edad ha sido estimada en más de 50 años, aunque su tamaño es menor de lo que debería, debido seguramente a la limitada vegetación de su entorno. El hallazgo de nuevos excrementos en la isla por parte de recientes expediciones, ha abierto una puerta a la esperanza de que exista alguna población que hasta el momento ha pasado desapercibida para las distintas exploraciones científicas.

Las tortugas gigantes de Galápagos se hallan estrictamente protegidas por el gobierno ecuatoriano desde 1970, así como por la Convención del Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que prohíbe su comercio internacional. La organización sin ánimo de lucro Galápagos Conservancy se dedica desde 1985 a proteger y restaurar los ecosistemas de estas islas. La cría en cautividad de tortugas está dando resultados positivos, con más de 7.000 individuos de las distintas especies liberados en la naturaleza. Chelonoidis hoodensis, una variedad que habita en isla Española, ha pasado de una población de tan sólo 14 ejemplares a más de mil gracias a los programas de cría en cautividad. Los esfuerzos de conservación llevados a cabo por distintas entidades han renovado la esperanza de supervivencia de las tortugas gigantes, empresa nada fácil, teniendo en cuenta las estimaciones que hablan de hasta 200.000 de estos animales masacrados por el ser humano en los pasados siglos.


Más información acerca de las tortugas gigantes de Galápagos: