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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que contar y contarlo" (Oscar Wilde). "Me he dedicado a investigar la vida y no sé por qué ni para qué existe" (Severo Ochoa).

domingo, 8 de mayo de 2022

El lobo rojo: un futuro incierto para uno de los cánidos más amenazados del mundo

 El lobo rojo es un cánido con aspecto de pequeño lobo que históricamente ocupó gran parte del territorio oriental de los Estados Unidos. Su posición taxonómica respecto a otros cánidos del continente ha sido siempre fuente de discusión. Ni siquiera las actuales y sofisticadas herramientas de análisis genómico han conseguido dar una respuesta definitiva y unánimemente apoyada por la comunidad científica.

Además del lobo rojo, pueden encontrarse a lo largo y ancho del territorio norteamericano algunos representantes más del género Canis:

  • Varias subespecies geográficas de lobo gris (Canis lupus) se distribuyen por distintas extensiones de México, Estados Unidos y Canadá. 
  • Las formas de pequeño tamaño del sur de las provincias canadienses de Ontario y Quebec, conocidos como lobos orientales o lobos algonquinos (por habitar principalmente el Parque Provincial Algonquín), son considerados por algunos autores una especie separada (C. lycaon), mientras otros los consideran una subespecie del lobo gris (C. lupus lycaon). El rango de distribución de estos lobos no se solapa con el rango histórico del lobo rojo, ocupando un área al noroeste de este último.
  • El coyote (C. latrans), el más pequeño de los cánidos con aspecto de lobo de Norteamérica, históricamente restringido a la mitad oeste del continente, pero que ha ido expandiendo su rango de distribución hacia el este a medida que menguaban las poblaciones de lobos.
  • Finalmente, debemos añadir las poblaciones de perros domésticos (C. familiaris o C. lupus familiaris), capaces de hibridar con los demás miembros del género.

Lobo rojo en una obra de John James Audubon (1851). Fuente.

Con todo lo expuesto hasta ahora, las distintas hipótesis acerca de la historia evolutiva de los cánidos norteamericanos similares a lobos pueden resumirse en tres modelos:

1) Modelo de las cuatro especies. Se apoya en la taxonomía basada en los caracteres morfológicos y la distribución histórica. Las especies que establece son el lobo gris, el lobo oriental, el lobo rojo y el coyote, con el lobo oriental y el lobo rojo evolucionando de un ancestro de aspecto similar al coyote.

2) Modelo de las tres especies. Según esta hipótesis, el lobo rojo debería agruparse junto al lobo oriental dentro del taxón C. lycaon pero como dos subespecies distintas. Los otros dos taxones específicos serían por un lado el coyote y por otro lado el lobo gris. Esta hipótesis estaría apoyada por hechos como que el lobo rojo y el oriental son similares en tamaño y están bien adaptados a las grandes áreas boscosas que siempre han existido en todo el este de Norteamérica. Sin embargo, no todos los análisis han encontrado una afinidad genética cercana entre el lobo rojo y el lobo oriental.

3) Modelo de las dos especies. Propone como especies al coyote y al lobo gris, reconociendo como subespecies de este último al lobo rojo y al lobo oriental. Sugiere que el lobo rojo y el lobo oriental se habrían originado por hibridación entre el lobo gris y el coyote cuando los lobos fueron extirpados de la mayor parte de su rango en el este del continente. Está apoyada por la falta de material genético distintivo en el lobo rojo o en el lobo oriental. Una variante propone que los bosques del este estaban poblados por una o más formas pequeñas de lobo gris que se especializaron en la caza de ciervos y que hibridaron con coyotes recientemente (en los últimos 400 años). Otra variante propone que los lobos rojos y/o los lobos orientales pueden haber surgido de una hibridación más antigua entre lobos grises y coyotes, pero no han divergido aún lo suficiente como para ser considerados especies separadas.

Mientras bases de datos taxonómicos como Catalogue of Life o Mammal Species of the World siguen considerando al lobo rojo una subespecie del lobo gris (C. lupus rufus), instituciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) o la Sociedad Americana de Mastozoología, han apostado recientemente por  darle al animal la categoría de especie bajo la denominación C. rufus.

De izquierda a derecha: lobo gris, lobo oriental, lobo rojo y coyote (fuente).

La distribución histórica del lobo rojo coincide con la ecorregión norteamericana de los bosques templados del este del continente. Esta región ecológica se caracteriza por una cubierta vegetal relativamente densa y diversa, un elevado número de corrientes de agua y ríos y una alta abundancia de muchas especies, incluyendo aves, peces, reptiles y anfibios, destacando como un área relevante en la evolución de la fauna del continente. Los veranos son cálidos y húmedos, mientras que los inviernos muestran un gradiente de temperaturas latitudinal: temperaturas subtropicales en el sur que van transformándose en más frías cuanto más al norte.

Históricamente, la convivencia entre lobos y coyotes habría estado restringida a la mitad occidental del continente norteamericano, donde la competencia entre ambos ha sido siempre reducida debido a la abundancia de grandes herbívoros (alces, renos, bisontes...) que satisfacen las necesidades alimenticias de las poblaciones de lobo, mientras los coyotes depredan sobre ciervos y animales más pequeños, aprovechando incluso las sobras de las cacerías de los lobos. A medida que el este del continente se fue deforestando para el establecimiento de asentamientos humanos, los programas de control del lobo diezmaron sus poblaciones orientales, facilitando la expansión del coyote hacia el este. Hacia mitad del siglo XX, los coyotes ya se habían expandido por la mayor parte de Norteamérica, dando lugar a una creciente hibridación entre estos y los cada vez más escasos lobos rojos. No en vano, este cruce con los coyotes y con los perros domésticos se ha llegado a convertir en la mayor amenaza para la supervivencia en la naturaleza de nuestro protagonista. Si sumamos la persecución humana y la destrucción de su hábitat, el resultado es una especie que ha sido llevada hasta el borde mismo de la extinción. De las tres subespecies o variedades geográficas documentadas en su rango de distribución histórico, la de Florida (Canis rufus floridanus) se extinguió en 1930. La del golfo de México (C. r. rufus), que se extendía desde Texas hasta Luisiana, se extinguió en 1970. La última de las subespecies en desaparecer en estado salvaje fue C. r. gregoryi, que sobrevivió hasta 1980. Por suerte, algunos ejemplares de esta subespecie fueron conservados en cautividad, lo que dio lugar a un proyecto de reintroducción del animal en la naturaleza.

Sello postal con la imagen de un lobo rojo de Texas (fuente).

Desde que en 1973 las autoridades estadounidenses habían declarado al lobo rojo un animal en peligro, se multiplicaron los esfuerzos por localizar y capturar el mayor número posible de individuos. Catorce de los ejemplares capturados por los biólogos del Servicio de Pesca y Vida Salvaje de los Estados Unidos serían posteriormente los fundadores de un programa de cría en cautividad. En 1977 ya estaban naciendo las primeras camadas de lobos en cautiverio. Los biólogos fueron muy cuidadosos a la hora de conservar los instintos nativos de los pequeños lobos, evitando al máximo el contacto con ellos. En 1985, la población de lobos cautivos estaba formada por 65 individuos mantenidos en seis parques zoológicos y en 2017 ya eran 175 repartidos por 43 instalaciones tanto de Estados Unidos como de Canadá, población cautiva suficiente para salvaguardar la integridad genética de la especie y proveer individuos para la suelta en libertad.
En 1987 (siete años después de declararse extinto en estado salvaje) cuatro parejas de lobo rojo fueron reintroducidas en la naturaleza. El lugar elegido para ello fue un área en el noreste del estado de Carolina del Norte, una pequeña zona dentro del rango de distribución histórico de la especie. Cada uno de los lobos estaba equipado con un transmisor de radio para su seguimiento. Más lobos fueron reintroducidos en fechas posteriores, de tal manera que la primera reproducción en la naturaleza fue registrada en 1988. A pesar de que en 2005 la población salvaje de lobos rojos llegó a ser de aproximadamente 150 individuos, hacia 2012 el proyecto de reintroducción se vio envuelto en un conflicto con los terratenientes, lo que dio lugar a un aumento significativo de las matanzas ilegales de estos animales. A este declive han contribuido también otros factores como las enfermedades infecciosas y en mayor medida la hibridación con otros cánidos. Actualmente se estima que existen tan solo entre 10 y 30 individuos maduros en estado salvaje, por lo que la especie se encuentra en peligro crítico según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Las autoridades han comenzado recientemente a evaluar nuevas áreas susceptibles de acoger planes de reintroducción en el sureste de los Estados Unidos.

Lobo rojo en un zoo de Tampa (Florida) (fuente).

El lobo rojo recibe su nombre de su característico pelaje de color rojizo, más intenso detrás de las orejas, en el cuello y extremidades, pero también exhibe tonalidades marrones y beige, con tonos negros y grises a lo largo de la espalda. Su tamaño es intermedio entre el lobo gris y el coyote, siendo la hembra ligeramente más pequeña. Mide unos 66 cm de altura en la cruz y unos 120 cm desde el hocico a la punta de la cola, con un peso que oscila aproximadamente entre 20 y 36 kilogramos.
Son animales sociales que viven en manadas formadas por una pareja de adultos con sus crías de diferentes años, normalmente de 5 a 8 individuos. Estas manadas son considerablemente más pequeñas que las de el lobo gris, en parte debido a que el lobo rojo no se alimenta de presas tan grandes como aquel. Sus presas más frecuentes suelen ser ciervos de cola blanca, mapaches, conejos, nutrias, roedores... 
El apareamiento ocurre entre enero y abril, produciéndose el nacimiento de los jóvenes lobos en primavera. El periodo de gestación dura 63 días y el número de camadas al año se sitúa entre una y tres.

Antes de la colonización europea de América, el lobo rojo era una figura importante en las creencias espirituales y ritos de los indios Cherokee, quienes tradicionalmente han evitado cazar a estos lobos, ya que tienen la creencia de que dicho acto provocaría la venganza de la manada.

El lobo rojo se encuentra catalogado dentro del "Endangered Species Act", listado de las especies en peligro elaborado por el Servicio de Pesca y Vida Salvaje de los Estados Unidos.


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