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domingo, 17 de julio de 2022

Los últimos lagartos gigantes de Canarias

 El género Gallotia engloba un grupo de especies de lagartos que se distribuyen por las diferentes islas del archipiélago canario (Reino de España) y que presentan características inusuales en este tipo de animales, como una dieta preferentemente herbívora, una dentición y un aparato digestivo especializados, cierta tendencia al gigantismo y la capacidad de emitir sonidos (al igual esto último que sus parientes del género Psammodromus). Si bien no existe unanimidad entre la comunidad científica en cuanto a la taxonomía del grupo, se han descrito nueve especies pertenecientes al mismo, incluyendo la extinta Gallotia goliath, que habitó la isla de Tenerife antes de la llegada del ser humano. Las especies del género que aún habitan las diferentes islas son:

Gallotia atlantica (Fuerteventura, Lanzarote e introducida en Gran Canaria).

Gallotia auaritae (La Palma).

Gallotia bravoana (La Gomera).

Gallotia caesaris (El Hierro y La Gomera).

Gallotia galloti (La Palma y Tenerife).

Gallotia intermedia (Tenerife).

Gallotia simonyi (El Hierro).

Gallotia stehlini (Gran Canaria y Fuerteventura).


El lagarto gigante de El Hierro (G. simonyi) se consideró extinto desde principios del siglo XX. A pesar de su buen camuflaje y de su considerable tamaño (algunos ejemplares llegaban a medir cerca de un metro de longitud), la especie fue cazada, disecada y consumida como alimento. La última vez que se habían recolectado ejemplares vivos del animal corría el año 1935, cuando un pequeño número de especímenes fueron capturados en un islote diminuto frente a la costa de El Hierro. Desde ese momento, transcurrieron varias décadas sin noticia alguna de la especie, hasta que a principios de la década de 1970, Werner Bings, un arquitecto alemán entusiasmado por los lagartos, encontró en la isla de El Hierro el esqueleto de un lacértido de grandes dimensiones del que aún colgaban trozos de piel. Este último hecho hacía casi imposible que aquellos restos hubiesen permanecido allí durante al menos cuatro décadas. Con la ayuda de un pastor local de nombre Juan Machín, el arquitecto alemán emprendió la búsqueda de estos animales en la isla, convencido de su supervivencia. Y no tardó en obtener su recompensa: en 1974, en una localidad situada en el norte de la isla, una pareja de estos lagartos cayeron en una de las trampas montadas para su captura, mostrando de nuevo al mundo una especie de lagarto gigante endémica de las Canarias largo tiempo inadvertida para la ciencia.

Desde el momento de su redescubrimiento, el lagarto gigante de El Hierro ha sido objeto de un programa del gobierno canario (El Lagartario) para la cría y reintroducción en diferentes hábitats de la isla, a pesar de lo cual se encuentra catalogado como especie en peligro crítico de extinción por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Ocupa un área de menos de 10 kilómetros cuadrados y su distribución está severamente fragmentada, conservándose reductos poblacionales en riscos y promontorios frente a las costas de la isla. Se estima que actualmente pueden existir entre 300 y 400 individuos de la especie (incluyendo las poblaciones reintroducidas). Las mayores amenazas para estos animales las constituyen las poblaciones de gatos asilvestrados (dejaron de controlarse en 2002) y posiblemente también los perros asilvestrados y las ratas. Se trata de una especie mayormente herbívora que habita zonas de vegetación dispersa y cuenta con dos periodos de puesta al año.

Lagarto gigante de El Hierro (fuente).


Otra especie con una historia interesante tras de sí es el lagarto gigante de La Gomera (G. bravoana). Durante muchísimos años sólo se tuvo constancia de la existencia de estos lagartos en la isla por testimonios y por restos fósiles, pero el animal se creía extinto. La primera descripción escrita conocida la hizo el médico Tomás Marín de Cubas en 1694 en uno de sus libros sobre la historia de las Islas Canarias. Se refería a ellos como unos lagartos de tamaño excepcional (casi un metro) pero que, según sus palabras, parecían estar extintos. Durante los siglos posteriores a esta primera descripción fueron escasos los testimonios publicados en obras escritas. Habría que esperar hasta 1985 para que el paleobiólogo alemán Rainer Hutterer hiciera la descripción formal del animal. Hutterer describió en base a restos subfósiles dos tipos de lagartos de mediano y gran tamaño que habitaron la isla en el pasado, nombrándolos respectivamente G. simonyi gomerana y G. goliath bravoana. En 1998 el biólogo alemán Wolfgang Bischoff revisaría de nuevo los materiales estudiados por Hutterer y llegaría a la conclusión de que pertenecían a un único taxón al que nombró Gallotia simonyi bravoana. 

Sería finalmente en 1999 cuando, para asombro del mundo científico, biólogos de la Universidad de La Laguna (Tenerife) darían con un espécimen de lagarto gigante de La Gomera, acabando así con la falsa creencia de que estos animales se habían extinguido tras la llegada de los primeros pobladores a la isla. En los meses siguientes a la primera captura, recolectarían cinco ejemplares adultos más, que fueron trasladados a Tenerife para su estudio, produciéndose el nacimiento de las primeras crías en cautividad en 2001. Finalmente se decidió bautizar al animal como G. bravoana, dándole la categoría de especie separada de su pariente el lagarto gigante de El Hierro.

Algunos individuos de este lagarto sobrepasan los 50 cm. de longitud. Su dorso es pardo con pequeñas manchas azules en los flancos. El cuello y los laterales de la boca son de color blanco, especialmente en los machos. Un carácter taxonómico es la posesión de una placa cefálica suplementaria entre las dos parietales, exclusiva de esta especie y que sirve para distinguirla de otros lagartos de aspecto similar.

A pesar de las medidas para tratar de salvar la especie, se encuentra en peligro crítico según la UICN, ya que las estimaciones arrojan alrededor de 90 individuos en estado salvaje. También hay una población en cautividad. Su hábitat preferido son los acantilados con vegetación dispersa. Tienen hábitos diurnos y alimentación principalmente herbívora. Las hembras realizan una sola puesta anual formada por entre tres y siete huevos normalmente.

Lagarto gigante de La Gomera (fuente).

Otro descubrimiento destacable en lo que se refiere a los lagartos endémicos canarios es el protagonizado por el lagarto gigante de Tenerife, también llamado lagarto moteado canario o teno (G. intermedia). Fue descubierto en fecha tan reciente como 1996 en los acantilados costeros del noroeste de la isla de Tenerife. Unos años más tarde, en 2003, fue descubierta una segunda población compuesta por unos 15 ejemplares en otra zona de acantilados situada más al sur. Se sabe que en el pasado ocuparon toda la isla, ya que sus restos han sido encontrados en numerosos yacimientos. Sin embargo, hoy en día ocupan menos del 0.5% de su distribución original, repartidos entre dos espacios protegidos de la isla: el Parque Rural de Teno y el Monumento Natural de la Montaña de Guaza, separados ambos por unos 30 kilómetros. Las dos poblaciones están genéticamente diferenciadas entre sí, pudiendo considerarse unidades de gestión independientes. 

Se trata de un lagarto que alcanza alrededor de medio metro de longitud. Su piel está moteada con pintas amarillas, más densas en los juveniles. La cola es larga, al igual que en otras especies similares. Los machos poseen una cabeza más robusta. Su alimentación es fundamentalmente herbívora, teniendo un papel ecológico muy importante en la dispersión de semillas de varias especies de la isla. También pueden comer insectos y restos de comida de las gaviotas. Su longevidad puede superar las cuatro décadas de vida. 

A pesar del incremento poblacional gracias al control de animales introducidos en la isla, se estima que no existen más de 500 ejemplares en total, por lo que la especie se encuentra en peligro crítico según la UICN. Ocupan un área total de tan sólo nueve kilómetros a lo largo de la línea de costa. Sus principales depredadores son los gatos asilvestrados y en menor medida las ratas. Las dos poblaciones se dividen en subpoblaciones, algunas de las cuales son tan pequeñas que están amenazadas por la consanguinidad. Al compartir territorio con su pariente el lagarto tizón (G. galloti), de menor tamaño pero mucho más abundante, también se ven sometidos a cierta competencia por el alimento. 

El gobierno canario ha diseñado un plan de recuperación de este lagarto a lo largo de toda su área de distribución.

Lagarto gigante de Tenerife (fuente).


Más dramática aún es la situación de otro de los lagartos endémicos canarios considerados gigantes. Se trata del lagarto gigante de La Palma (G. auaritae). Esta especie también se creía extinta hasta que en el verano de 2007 fueron tomadas unas fotografías del animal por Luis Enrique Mínguez, miembro del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC). Las imágenes fueron tomadas durante un recorrido a pie por la zona nororiental de la isla. El lacértido, de gran tamaño, fue fotografiado en una pista a unos 45 metros sobre el nivel del mar. La comparación con referencias visuales del entorno permitió determinar que el lagarto medía unos 30 o 31 centímetros. Sin embargo, desde aquella fecha no se han vuelto a tener noticias de la especie, por lo que no se puede asegurar a ciencia cierta que hoy en día siga existiendo. 

Los lagartos endémicos de Canarias, que en tiempos pasados llegaron a ocupar toda la superficie de las islas, se encuentran hoy en día desplazados en general hacia los hábitats subóptimos, como son los bordes costeros de gran desarrollo vertical (acantilados, cornisas...), donde hay una disponibilidad de recursos limitada, ya que se trata de hábitats xéricos con escasez de agua y poca diversidad y abundancia de vegetación. 

La presencia del ser humano en las Canarias no sólo ha provocado el declive de las poblaciones de lagartos y su confinamiento en los peores hábitats, sino que también ha contribuido a la disminución progresiva de su tamaño debido a la captura selectiva de los ejemplares de mayores dimensiones a lo largo de los siglos. Los testimonios más antiguos que se conocen hablan de animales de un metro o incluso metro y medio de longitud, mientras que los lagartos de hoy en día raramente superan el medio metro.


Más información sobre los lagartos endémicos de Canarias: