Vistas de página en total


"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que contar y contarlo" (Oscar Wilde). "Me he dedicado a investigar la vida y no sé por qué ni para qué existe" (Severo Ochoa).

martes, 30 de diciembre de 2025

El glotón: feroz depredador de tierras árticas

El glotón o carcayú (Gulo gulo) fue conocido por los pueblos indígenas del hemisferio norte mucho antes de que la zoología occidental lo describiera formalmente. Sin embargo, su descubrimiento científico, tal como lo entiende la historia natural europea, se remonta al siglo XVIII. El primero en describir oficialmente la especie fue Carl Linnaeus en 1758, quien la incluyó en la décima edición de su Systema NaturaeMucho antes de esta clasificación formal, exploradores, tramperos y cronistas europeos ya habían oído hablar del glotón gracias a relatos de pueblos nativos de Norteamérica y Eurasia. Algunos exploradores franceses de Canadá lo llamaban carcajou, término probablemente procedente de lenguas algonquinas, mientras que en inglés norteamericano también circularon nombres como skunk bear o glutton, reflejo de las historias sobre su supuesta voracidad y ferocidad. Estos apelativos coloniales derivaron de una mezcla de observación directa y mitología local, lo que alimentó una reputación legendaria que acompañó al animal durante siglos. 

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, naturalistas europeos se encontraron con el glotón en regiones árticas y subárticas durante expediciones científicas en América del Norte, Escandinavia y Siberia. En estas primeras descripciones se destacaban su apariencia semejante a un pequeño oso, su furia desproporcionada en relación a su tamaño y su capacidad de vivir en regiones remotas. A medida que se recopilaron más especímenes y relatos, se comprendió que el glotón era un miembro atípico, pero perfectamente legítimo, de la familia Mustelidae. En Norteamérica, buena parte del conocimiento temprano que los colonos europeos obtuvieron sobre el glotón llegó de manera indirecta, a través de historias de tramperos que lo veían como una molestia incansable capaz de saquear trampas y refugios, un comportamiento que aparece documentado tanto en textos de historia natural como en descripciones etnográficas del siglo XIX. Esta conducta, real o exagerada, influyó en su fama de animal indómito y difícil de estudiar. Con la expansión de la zoología como disciplina en el siglo XIX, comenzaron sus primeras clasificaciones detalladas, aunque no sin controversias. A lo largo de esta época algunos autores llegaron a proponer que las poblaciones norteamericanas y eurasiáticas pertenecían a especies distintas, llegando a nombrar Gulo luscus a la variedad americana, debido a diferencias morfológicas y geográficas percibidas. Sin embargo, la mayoría de taxónomos acabó reconociendo que se trataba de una única especie de distribución holártica

La revisión moderna de la familia Mustelidae considera al género Gulo como monoespecífico, lo que confirma que aquellas distinciones eran interpretaciones iniciales más que diferencias taxonómicas reales. El avance de la genética y la biología evolutiva en los siglos XX y XXI permitió comprender mejor su origen y su expansión. Se han descrito registros fósiles en muchos lugares de Eurasia y América del norte correspondientes al Pleistoceno y el Holoceno (periodo Cuaternario), incluidos bastantes fuera de su distribución histórica. Sin embargo, tan solo se ha reportado un único registro del género antes del Cuaternario en la región rusa de Transbaikalia.  Los datos moleculares señalan que dentro de los mustélidos, los glotones están estrechamente emparentados con la taira, la marta y la marta pescadora, formando junto a todos ellos la subfamilia Guloninae.

Los estudios contemporáneos destacan que el glotón, pese a su tamaño modesto comparado con otros carnívoros, ha sobrevivido a periodos glaciales gracias a una combinación de adaptaciones fisiológicas, un enorme rango de distribución y una afinidad marcada por los climas fríos. Muchas poblaciones del sur de Europa y de Estados Unidos se extinguieron con la presión humana, la caza y el retroceso de su hábitat desde el siglo XIX, lo que explica por qué su área actual es mucho más reducida que la observada en registros históricos. Desde que Linneo lo reconoció como especie en 1758 hasta los estudios genéticos actuales, el glotón ha sido un animal que desafía a quienes intentan entenderlo: esquivo, solitario, fuerte, difícil de observar y rodeado de leyendas desde mucho antes de su “descubrimiento” formal.

Un glotón fotografiado en Alaska, (fuente).

Una de las características más llamativas del glotón es que se trata del mustélido terrestre de mayor tamaño, siendo sólo superado dentro de su familia por la nutria gigante (Pteronura brasiliensis). A pesar de ello, sus medidas no superan las de un perro de tamaño mediano, denotando este hecho que los mustélidos son una familia de carnívoros de pequeño tamaño en general. Los machos pueden llegar a alcanzar cerca del medio metro de altura en los hombros, con una longitud del cuerpo que puede superar el metro en los ejemplares más grandes, a lo que habría que añadir una cola de entre 17 y 26 centímetros aproximadamente. Pueden llegar a superar los 30 kilos de peso. Las hembras son de menor tamaño, siendo este el único carácter distintivo entre ambos sexos, ya que la especie no muestra un dimorfismo sexual marcado. 

El glotón es un prodigio de adaptaciones fisiológicas y ecológicas que le permiten sobrevivir en uno de los entornos más rigurosos del planeta. Su vida está intrínsecamente ligada a las regiones frías del hemisferio norte, y cada rasgo de su anatomía, conducta y ecología parece haber sido esculpido por la nieve, el hielo y la escasez estacional de alimento. Como ya se ha indicado, su rango de distribución abarca una enorme extensión, siendo un animal típico de las regiones más gélidas de Canadá, norte de Estados Unidos, China, Mongolia, Rusia y los países escandinavos. Ocupa una amplia variedad de hábitats: zonas alpinas, bosques boreales de coníferas, zonas abiertas de montaña e incluso zonas de tundra. Se trata de un animal solitario que establece su dominio sobre vastos territorios de hasta 500 kilómetros cuadrados en el caso de los machos y 200 kilómetros cuadrados en el caso de las hembras. Se sabe que realizan extensos movimientos estacionales y son principalmente nocturnos, con algo de actividad diurna también. Su selección de hábitat está marcada negativamente por la presencia humana, se trata de un animal esquivo que evita estar cerca de las carreteras y otros tipos de infraestructuras.

Entre las adaptaciones podemos destacar las siguientes:

1. Sus patas anchas y su forma de locomoción semi-plantígrada, características que distribuyen mejor su peso sobre la nieve blanda e impiden que se hunda en terrenos invernales donde incluso los ungulados más grandes quedan atrapados. Esta ventaja mecánica le permite moverse con eficiencia sobre superficies que serían inaccesibles para la mayoría de los carnívoros, y es una de las razones por las que, incluso con un tamaño relativamente modesto, puede hostigar o aprovechar presas grandes que quedan inmovilizadas o debilitadas en la nieve profunda. La literatura zoológica moderna describe con detalle cómo esta morfología, junto a su musculatura poderosa y su resistencia física, le permite recorrer grandes distancias en condiciones extremas, a menudo superando los 100 kilómetros en un solo día de desplazamiento, según registros de campo en Norteamérica y Escandinavia. 

2. Su pelaje denso, grueso y oleoso es otra pieza clave de su adaptación al frío. La estructura de su manto repele la humedad y acumula aire entre las capas internas, creando una barrera térmica altamente eficiente. Este tipo de pelaje no solo protege al glotón en temperaturas muy bajas, sino que también permite que la escarcha y el hielo no se adhieran fácilmente, una ventaja esencial cuando se mueve entre ventiscas o excava en nieve endurecida para acceder a restos de carroña o preparar lugares de descanso. Este abrigo natural fue tan apreciado por los pueblos indígenas que sus pieles llegaron a emplearse en la confección de parcas y capuchas, justamente porque la escarcha se desprendía con facilidad, evitando que la humedad penetrara en la ropa. 

Hembra de glotón transportando a su cría fuera de la madriguera. Esta grabación, a cargo del naturalista Andrew Manske, representa un hecho excepcional, pudiendo tratarse del primer registro en la naturaleza, (fuente).

3. Otra adaptación sobresaliente es su dieta extremadamente flexible y oportunista. En invierno, cuando la mayoría de las fuentes de alimento escasean, el glotón es principalmente carroñero: sigue rastros de depredadores mayores, localiza cadáveres enterrados por avalanchas y almacena restos en “neveras naturales” bajo la nieve para consumirlos más tarde. Esta estrategia es especialmente eficaz en climas fríos, donde la congelación ayuda a conservar los nutrientes durante semanas o incluso meses. En verano diversifica su dieta e incluye bayas, pequeños mamíferos, huevos, e incluso insectos, adaptándose a lo que el entorno ofrece en cada estación. Los cambios estacionales en los patrones alimentarios constituyen un rasgo fundamental para su supervivencia y para su capacidad de dispersarse por áreas amplísimas. Sus dientes y mandíbulas fuertes están adaptados para triturar huesos congelados y así sacar máximo provecho a la carroña. Su olfato prodigioso les permite detectar cadáveres enterrados bajo metros de nieve. Gracias a su fuerza y agresividad son capaces de ahuyentar animales de tamaño superior, como osos, pumas y lobos para robarles sus presas. 

4. Habitar zonas de clima hostil garantiza bajas densidades de depredadores y competidores. Necesita grandes extensiones de terreno relativamente intacto, con baja presencia humana, y temperaturas que mantengan el alimento congelado y la nieve estable durante largos periodos. Los estudios ecológicos confirman que prefiere regiones remotas, a menudo por encima del límite forestal o en áreas con mínima actividad humana. Recorre su territorio de manera casi continua, siempre en movimiento, oliendo, excavando y explorando. 

5. Cuentan con glándulas odoríferas (glándulas anales) con las que segregan un líquido de fuerte olor que les sirve para marcar su territorio y ahuyentar a posibles depredadores.

6. Sus garras curvas, afiladas y semirretráctiles son ideales para trepar árboles y rocas, así como para excavar. Junto con la potente musculatura que han desarrollado en cabeza, cuello y hombros, son capaces de derribar presas de tamaño muy superior al suyo, como caribúes, cabras montesas, crías de alce e incluso bisontes.

7. La biología reproductiva del glotón es igualmente fascinante y refleja una estrategia finamente ajustada a los retos de su ecosistema. A diferencia de otros carnívoros de tamaño comparable, el glotón exhibe un fenómeno conocido como implantación diferida: aunque el apareamiento se produce entre mayo y julio, el embrión no se implanta inmediatamente en el útero. En su lugar, queda en un estado latente hasta que las condiciones ambientales son favorables, de modo que las crías nacen a finales del invierno o comienzos de la primavera, cuando la nieve profunda aún proporciona aislamiento, pero la disponibilidad de alimento empieza a aumentar. Este mecanismo ofrece una ventaja considerable en paisajes tan impredecibles como la taiga y la tundra, permitiendo sincronizar el nacimiento de las crías (generalmente entre dos y cinco por camada) con el momento óptimo para su supervivencia. Las madrigueras suelen ubicarse bajo la nieve, en cavidades de roca o troncos caídos, donde la hembra prepara una cama de hojas o hierba que protege a los recién nacidos del frío extremo. 

Sello postal de Estados Unidos con la imagen del glotón, (fuente).

No obstante, esta delicada dinámica reproductiva convierte al glotón en una especie particularmente vulnerable a los cambios ambientales acelerados. Las amenazas que enfrenta hoy son múltiples y crecientes. De todas ellas, la más crítica es la pérdida de nieve persistente asociada al calentamiento global, ya que afecta directamente tanto la disponibilidad de refugios adecuados para las madrigueras como la capacidad del animal para desplazarse y dispersarse por su territorio. Estudios recientes sobre su conectividad genética demuestran que la reducción del manto nival interrumpe las rutas entre poblaciones, disminuye el flujo genético y amenaza la estabilidad a largo plazo de la especie, especialmente en las zonas más meridionales de su distribución. 

A estas presiones climáticas se suma la fragmentación del hábitat debida a actividades humanas como la construcción de carreteras, la deforestación, la minería y la expansión de áreas de recreo y asentamientos. En Norteamérica, las poblaciones del glotón en las Montañas Rocosas y otras regiones montañosas han experimentado una reducción significativa desde el siglo XIX, y algunos estudios señalan que ciertas subpoblaciones podrían haber desaparecido localmente debido a la combinación de persecución humana y pérdida de territorios fríos adecuados. La sobreexplotación de su piel en épocas pasadas también contribuyó al declive de sus números, aunque hoy el comercio está regulado en la mayoría de los países donde habita la especie. 

La presión humana afecta además la disponibilidad de alimento, reduce la calidad de los refugios y aumenta los encuentros conflictivos con el animal, especialmente entre tramperos. La especie, en su continua búsqueda de comida, puede llegar a saquear trampas o refugios, lo que históricamente le generó una reputación de “saqueador indeseable” y provocó persecución directa. A pesar de esto, su carácter solitario y la vastedad de sus territorios dificultan su estudio y hacen que gran parte de su ecología siga siendo esquiva. La investigación moderna, sin embargo, coincide en que la supervivencia futura del glotón depende de proteger y conectar las regiones frías que funcionan como “islas de hábitat” donde el animal puede prosperar. 

El glotón también está presente en el arte, como demuestra este grabado de 1788, (fuente).


Las agencias de conservación han empezado a responder a estas amenazas, y en 2023, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos otorgó protección federal al glotón norteamericano bajo la Ley de Especies en Peligro, reconociendo oficialmente que el cambio climático está desmantelando el componente esencial del ambiente del que depende la especie. A nivel global, los esfuerzos buscan identificar corredores ecológicos, mitigar la fragmentación y monitorear genéticamente las poblaciones para asegurar su viabilidad a largo plazo.

Más allá de las extraordinarias adaptaciones que le permiten sobrevivir en los paisajes boreales, el glotón ocupa un lugar ecológico muy particular en los ecosistemas fríos del hemisferio norte. Su papel como consumidor oportunista y carroñero especializado lo convierte en un eslabón clave en la limpieza y redistribución de nutrientes en entornos donde la materia orgánica puede permanecer congelada durante meses. Su capacidad para localizar cadáveres enterrados bajo metros de nieve, contribuye a evitar la acumulación de restos que de otro modo tardarían mucho tiempo en descomponerse. Esta función ecológica, aunque difícil de cuantificar con precisión debido a su carácter esquivo, es especialmente relevante en regiones donde los ciclos tróficos dependen fuerte­mente de la estacionalidad extrema. 

Además, su facilidad para desplazarse sobre la nieve profunda, gracias a su forma de locomoción semi-plantígrada y a sus patas anchas, no solo le permite acceder a alimento, sino también moverse entre distintos parches de hábitat en paisajes fragmentados. Estos movimientos, amplios y constantes, facilitan la conexión ecológica entre zonas remotas. Por ello, el glotón actúa indirectamente como un indicador de conectividad: allí donde puede desplazarse, suele existir aún un corredor funcional de frío, nieve persistente y baja presencia humana. Estudios de genética paisajística confirman esa relación entre la continuidad del manto nival, la movilidad del glotón y la salud general del ecosistema boreal. 

Un glotón devorando el cadáver de un reno, (fuente).

El simbolismo cultural asociado al glotón también ha dejado una huella profunda. Para numerosos pueblos indígenas de América del Norte y Eurasia, el carcayú ha sido tradicionalmente un animal emblemático, tanto admirado por su tenacidad como temido por su reputación de saqueador infatigable. Antes de que los naturalistas europeos lo clasificaran formalmente, ya ocupaba un lugar destacado en mitos y relatos orales, donde se le atribuían cualidades que iban desde la astucia hasta una fuerza desproporcionada respecto a su tamaño. La persistencia de estos relatos contribuyó a darle a la especie un aura de misterio y ferocidad que, aunque exagerada, encontró eco en las primeras observaciones de exploradores y tramperos occidentales. 

En cuanto a los métodos modernos utilizados para estudiar a este carnívoro tan esquivo, los científicos se han visto obligados a combinar tecnologías avanzadas con enfoques tradicionales. Dado que su densidad poblacional es baja y sus territorios muy extensos, las observaciones directas resultan raras. Por ello, los investigadores recurren a análisis genéticos extraídos de pelos o heces, a estudios de isótopos estables que permiten reconstruir cambios dietéticos a lo largo del tiempo y a técnicas de genética del paisaje que revelan patrones de conectividad entre poblaciones. Algunos de estos métodos han permitido documentar alteraciones en la dieta del glotón a lo largo de un siglo completo, así como comprobar cómo las condiciones ambientales y la fragmentación influyen en el intercambio genético entre regiones distantes. Todo ello ha sido crucial para comprender su vulnerabilidad actual ante el calentamiento global y para diseñar estrategias de conservación más eficaces. 

Hoy, la conservación del glotón se encuentra en un punto decisivo. Su dependencia de la nieve persistente, la necesidad de grandes territorios intactos y su baja densidad natural hacen que cualquier alteración del clima o del paisaje tenga efectos amplificados. Su futuro depende de mantener conectados los fragmentos de naturaleza fría que todavía perduran. En este sentido, el glotón no es solo un superviviente de los hielos: es también una advertencia viviente de cómo los ecosistemas boreales (entre los más frágiles del planeta) reaccionan ante los cambios acelerados de nuestra era.

En conjunto, es un animal diseñado para sobrevivir donde pocos mamíferos medianos podrían hacerlo: un superviviente de las nieves, dotado de un pelaje magnífico, una astucia notable y una fuerza desproporcionada para su tamaño. Todo ello lo convierte en una de las especies más fascinantes del hemisferio norte, además de un indicador temprano de los efectos del calentamiento global y de la fragmentación de los ecosistemas boreales.

Por último, destacar que el glotón es el animal real que inspiró la creación del personaje de Marvel Lobezno (Wolverine en inglés), creado por Roy Thomas en 1974 para ser un héroe canadiense. Thomas buscaba crear un héroe para la creciente audiencia de Marvel en el país norteamericano y eligió al glotón por su reputación de fiero y resistente. El personaje de cómic muestra similitudes tanto físicas como de comportamiento con el animal: es compacto, musculoso, fuerte, dotado de garras afiladas, habita regiones frías y su comportamiento es solitario, gruñón, difícil de acorralar y capaz de enfrentarse a enemigos de mucho mayor tamaño. 


Más información sobre el glotón o carcayú:

Vídeo del glotón enfrentándose a rivales mucho mayores

Video titulado "El demonio de la tundra"

https://animaldiversity.org/accounts/Gulo_gulo/

https://www.iucnredlist.org/species/9561/45198537

https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2024/10/02/el-animal-poco-conocido-que-inspiro-a-wolverine-de-marvel/

lunes, 28 de julio de 2025

Bisonte europeo: el regreso de un gigante

 El bisonte europeo, wisent o más coloquialmente búfalo europeo (Bison bonasus) es una de las dos especies de bisontes que sobreviven actualmente en el mundo, junto a su pariente el bisonte americano. La especie estuvo al borde de la extinción a principios del siglo XX, pero gracias a los programas de cría y recuperación, hoy en día viven en libertad y semilibertad varios miles de estos animales, repartidos en diversas poblaciones principalmente en la zona central y oriental de Europa. 

Se trata del animal terrestre más grande del continente, y se piensa que los individuos en el pasado pudieron alcanzar incluso mayores dimensiones que sus descendientes modernos. La longitud del cuerpo oscila entre 210 y 350 centímetros, con una altura en la cruz de hasta dos metros y una cola que puede alcanzar los 80 centímetros. El peso normalmente se sitúa entre 350 y 1.000 kilogramos, siendo considerablemente más corpulento el macho. Posee un pelaje denso de un color que varía entre el marrón oscuro y el marrón dorado. El cuello es corto y ancho, intensificado por una especie de corta melena en su parte inferior. Con un cuerpo relativamente estrecho, especialmente en sus cuartos traseros, destaca una notable joroba sobre los hombros del animal. Las extremidades son más largas que las de su pariente americano, y la cabeza es más pequeña y se mantiene más elevada que la de este. El pelo adquiere un aspecto más lanoso alrededor de los hombros, el cuello y la frente, mientras un mechón a modo de "barba" cuelga de las mejillas. Los cuernos, presentes en ambos sexos, son por lo general algo más largos y curvados que los de sus parientes del otro lado del Atlántico. Las hembras, además de por su menor corpulencia, se distinguen de los machos por sus cuernos y cuello más delgados y su joroba de menor tamaño.

Grupo de bisontes europeos reintroducidos en las dunas de Kraansvlak (Países Bajos), (fuente).

En tiempos prehistóricos, el bisonte europeo habitó la mayor parte del continente, desde el norte de España, hasta las montañas del Cáucaso, extendiéndose su área de distribución también por la parte asiática de Rusia, llegando por el este hasta el lago Baikal y la cordillera de Altai. Compartió territorio con el ya extinto bisonte estepario (Bison priscus) y fue representado en multitud de cuevas mediante pinturas rupestres, algunas de las cuales tienen una antigüedad de 20.000 años. Con el paso de los siglos, la cantidad de estos ungulados fue menguando a medida que las poblaciones humanas crecían y competían con ellos por el territorio. De esta manera, se llegó al siglo XX con la especie prácticamente al borde de la extinción. Tan solo sobrevivían dos poblaciones: una albergando unos pocos individuos en las remotas montañas del Cáucaso norte (sur de la Federación Rusa) y otra con un mayor número de efectivos en el bosque de Bialowieza (Polonia). Al llegar la Primera Guerra Mundial, las tropas de ocupación alemanas eliminaron unos 600 animales de esta última con el fin de ser consumidos como alimento, caza deportiva y otros propósitos. Al final de la guerra, solo quedaban vivos nueve bisontes en Polonia. El último de ellos en estado salvaje fue abatido en 1921. 

No corrió muy diferente suerte la población del Cáucaso: el último de los animales en libertad fue eliminado en 1927, quedando desde ese momento la especie extinta en la naturaleza. Por suerte, para aquel entonces, una docena de ejemplares eran mantenidos en parques zoológicos y colecciones privadas. Este sería el punto de partida para su recuperación.

A principios de la década de 1920 fue fundada por científicos de Polonia, Alemania, Reino Unido y Suecia la "Sociedad para la protección del bisonte europeo (SPEB)", cuyo primer objetivo fue realizar un inventario de todos los bisontes vivos con el fin de iniciar un programa de cría. Sus esfuerzos se centraron en repoblar el bosque de Bialowieza, una de las mayores áreas forestales de Europa, ideal como hábitat capaz de albergar un gran número de estos enormes ungulados. 

Bisonte del Cáucaso macho fotografiado en la década de 1920 en el zoológico de Hamburgo, (fuente).

Los intentos de reintroducción del animal comenzaron muy poco después de su desaparición en estado salvaje, ya que en 1928 daría inicio en el citado bosque polaco un programa de cría especial, hecho que supuso el pistoletazo de salida a la recuperación de la especie. Durante las siguientes décadas, el número de bisontes en cautividad aumentó significativamente, pero hubo que esperar hasta 1954 para asistir a la liberación en la naturaleza de los dos primeros ejemplares fruto del programa. Este hecho fue seguido por la reintroducción de la especie en zonas salvajes de distintos países europeos. 

La recuperación del bisonte europeo está siendo eficaz aunque lenta, en gran medida debido a que buena parte de la población en cautividad se encuentra en parques zoológicos con unas instalaciones de tamaño limitado, inadecuadas para cobijar manadas de gran tamaño. En el año 2000, la población total de estos animales se estimaba en alrededor de 2.800 individuos. A partir de 2004, la mayoría de esfuerzos dedicados a la conservación de la especie han sido guiados y coordinados por el "Plan de Acción del Bisonte", programa elaborado por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), en colaboración con el "Centro Europeo para la Conservación del Bisonte (EBCC)" y otras organizaciones. Un hito importante en el desarrollo de este plan tuvo lugar en 2020, cuando el estatus de la especie pasó de "vulnerable" a "casi amenazada" de acuerdo con los estándares de la UICN. Gracias a los programas de recuperación, el número de individuos pastando hoy en día en régimen de libertad y semilibertad supera los 7.000. 

Durante los últimos años, el bisonte europeo ha sido reintroducido en países en los que llevaba mucho tiempo ausente, como Rumanía, donde los últimos ejemplares habían desaparecido hace más de dos siglos. El programa de reintroducción comenzó en los Cárpatos meridionales en 2014. En 2021 había más de 100 ejemplares en la zona, incluyendo 25 terneros nacidos en libertad. Otra zona del país donde se han reintroducido es el parque natural Vanatori-Neamt, en el noreste del territorio. 

Asimismo, se están llevando a cabo iniciativas de repoblación en muchos otros países europeos, como Polonia, Bielorrusia, Bulgaria, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, España e Inglaterra. 

Sello postal de Bielorrusia dedicado al bisonte europeo, (fuente).


Diversos estudios han demostrado que los machos entre cuatro y seis años de edad son capaces de llevar a cabo una espermatogénesis completa, por lo que ya son maduros sexualmente. Sin embargo, no participan aún en la reproducción: los toros de más edad les impiden acercarse a las hembras. La edad reproductora en los machos empieza a los seis años y finaliza a partir de los doce, debido a que el proceso de espermatogénesis se ve atenuado a partir de entonces. Las hembras generalmente alcanzan la madurez sexual en su tercer año de vida y dan a luz a su primer ternero durante el cuarto año, aunque la maternidad puede adelantarse un año o retrasarse uno o dos años. Pueden dar a luz a lo largo de toda su vida, aunque suelen hacerlo hasta los 18-20 años de edad. La temporada de celo se produce de agosto a octubre y el periodo de gestación dura alrededor de 265 días. Lo normal es que cada parto esté compuesto por un único ternero, aunque esporádicamente se componen de dos en los partos de animales cautivos. La expectativa de vida de los machos en cautividad ronda los 20 años, mientras que en estado salvaje no viven más de 14-16 años. Las hembras en cautividad pueden vivir hasta 28 años, mientras que la hembra más longeva observada en estado salvaje tenía 24 años. 

El bisonte europeo es un animal gregario. Las unidades poblacionales básicas observadas son tanto grupos mixtos como grupos de machos. Los grupos mixtos contienen hembras, bisontes jóvenes de 2-3 años de edad, terneros y temporalmente machos adultos. El tamaño de estos grupos varía dependiendo del territorio en que se asientan, pero no suele superar los 20 animales por término medio. Los grupos de machos son pequeños en todas las poblaciones, estando formados por dos animales por término medio. Más de la mitad de los machos viven una vida solitaria. 

Los bisontes tienen gran importancia ecológica, ya que son una especie clave en el ecosistema del que forman parte. Ejercen gran influencia sobre la vegetación, ayudan a regular su crecimiento ya que se alimentan de grandes cantidades de herbáceas y arbustos, abren múltiples caminos en los bosques con el simple hecho de caminar a su través, crean parches de suelo desnudo al revolcarse en él, con lo que habilitan a plantas pioneras para colonizar nuevos espacios. Estos animales también contribuyen en gran medida a la reproducción de numerosas especies de plantas mediante la dispersión de nutrientes y semillas con sus excrementos, lo que aumenta la biodiversidad y favorece a los polinizadores. Además, son responsables de otros beneficios para el ecosistema, por ejemplo hay especies de pájaros que utilizan su pelaje invernal para construir nidos o se alimentan de las garrapatas y otros parásitos de su piel, como es el caso de las urracas. 

Hembra de bisonte europeo acompañada de su ternero, (fuente).

A pesar de que las poblaciones de bisonte europeo han experimentado un gran auge desde el comienzo de los programas de cría y reintroducción, la especie aún se enfrenta a diversas amenazas, que podemos resumir de la siguiente manera: 

  1. Genética. La variabilidad genética de la especie es relativamente baja, debido a su extinción en estado salvaje a principios del siglo XX y posterior restauración a partir de tan solo doce animales cautivos. A este hecho hay que sumar que la mayoría de subpoblaciones se encuentran funcionalmente fragmentadas y aisladas de grupos vecinos ya sea por la distancia o por barreras, tanto naturales como debidas al ser humano.
  2. Especie refugiada. Cuando comenzó la reintroducción de la especie en el medio natural en la década de 1950, el animal fue caracterizado como un especialista de bosque, por eso fue reintroducido en hábitats forestales. Sin embargo, posteriores estudios, sugieren que el hábitat óptimo para los bisontes son las grandes praderas abiertas, un tipo de espacios que no son muy abundantes en Europa, debido a la elevada densidad de poblaciones humanas y el consecuente uso del suelo para actividades agrícolas. El hecho de obligar a estos animales a ocupar un hábitat subóptimo, deriva en inconvenientes para el desarrollo de las poblaciones, ya que los individuos ven reducida su eficacia biológica, lo que afecta a sus densidades.
  3. Enfermedades. El reducido tamaño de las subpoblaciones y su aislamiento puede contribuir a la expansión de ciertas enfermedades en los grupos, como las causadas por virus respiratorios, la tuberculosis bovina o los más de 90 tipos de parásitos detectados hasta ahora en la especie.
  4. Caza furtiva. En la década de 1990, esta actividad supuso un grave problema en Ucrania, llevando a una importante disminución de sus números e incluso a la extirpación completa de algunas manadas. En otros países, como Rusia, se da el mismo problema. A pesar de que en el este de Europa existen grandes praderas que pueden representar espacios adecuados para su reintroducción en estado salvaje, la inestabilidad política de la zona hace que finalmente no se opte por estos lugares. 
El bisonte europeo, con su imponente presencia y su historia de recuperación, tiene un enorme potencial como atractivo turístico. Su reintroducción en reservas naturales ofrece a los visitantes experiencias únicas de observación de fauna salvaje en paisajes abiertos. Además, su papel ecológico como "arquitecto del paisaje" añade valor educativo y medioambiental, atrayendo tanto a amantes de la naturaleza como a ecoturistas interesados en la conservación. En regiones rurales, puede convertirse en un catalizador del turismo sostenible y el desarrollo local.

Más información sobre el bisonte europeo:













jueves, 26 de diciembre de 2024

El takahe: historia de un retorno inesperado

 El calamón de Isla Sur o takahe (Porphyrio hochstetteri) es una de las aves más fascinantes y enigmáticas de Nueva Zelanda. De plumaje azul y verde brillante y robusto pico rojo, el takahe es un símbolo de la resiliencia de la naturaleza y de los esfuerzos humanos por conservarla. La historia de este animal es un viaje a través del tiempo, marcado por descubrimientos, extinciones aparentes y redescubrimientos milagrosos.

El primer encuentro documentado con el takahe se produjo en 1847, cuando el naturalista neozelandés Walter Mantell desenterró algunos restos óseos del animal en dos localidades de la Isla Norte de Nueva Zelanda. Enseguida se dio cuenta de que estaba ante un ave robusta y no voladora, estrechamente relacionada con los miembros de la familia rallidae, un grupo de aves gruiformes ampliamente extendido por el mundo. A pesar de no estar aún catalogada por la ciencia, la especie era conocida por los maoríes de la Isla Norte, quienes la habían cazado en tiempos anteriores y se referían a ella con el nombre de moho, pero aseguraban no haber visto un ejemplar en mucho tiempo.

Al año siguiente, los huesos fueron utilizados por el paleontólogo Richard Owen para describir una nueva y aparentemente extinta especie a la que en un principio nombró Notornis mantelli, denominación que posteriormente sería sustituida por Porphyrio mantelli. 

En 1849, para sorpresa del mundo científico, un individuo de la especie fue capturado vivo por el perro de un cazador de focas, pero esta vez en uno de los islotes pertenecientes a la Isla Sur. Su piel fue comprada por Mantell y enviada al Museo Británico. Por aquel entonces, trascendió que los maoríes de la Isla Sur conocían al animal con el nombre de takahe. Tan sólo dos años más tarde sería capturado un nuevo ejemplar en la Isla Sur, pero después de esto, tendrían que pasar casi tres décadas hasta el avistamiento en 1879 del siguiente animal.

Sería el zoólogo alemán Adolf B. Meyer, quien, tras comparar especímenes de las dos islas, llegase a la conclusión de que el moho y el takahe eran lo suficientemente distintos como para ser considerados especies separadas. Decidió nombrar a la especie de la Isla Sur como Notornis hochstetteri, en honor al explorador Ferdinand Von Hochstetter, quien se había dedicado sin éxito a su búsqueda durante los 28 años previos sin avistamientos del ave. Sin embargo, estudios posteriores determinaron que los animales de ambas islas pertenecían a la misma especie, degradando al takahe a una mera subespecie (N. mantelli hochstetteri).

Imagen de un calamón takahe tomada en la isla de Maud, una de las muchas pequeñas islas de la parte septentrional de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Autor: Sid Mosdell (fuente).

No se volvería a tener noticia de un nuevo avistamiento hasta 1894, año en que se produjo la primera captura de un ejemplar vivo en la Isla Norte. Era la primera vez que se producía tal evento desde el descubrimiento de sus huesos en 1847. Desde esa captura hasta la actualidad, ningún otro especimen ha sido capturado o siquiera avistado en la Isla Norte, por lo que hoy en día se considera la existencia de una sola especie denominada comúnmente takahe (Porphyrio hochstetteri).

Mientras que en la Isla Norte no se volvieron a tener noticias del animal, un nuevo ejemplar hizo reaparición en la Isla Sur en agosto de 1898, -una vez más capturado por un perro- a orillas del lago Te Anau. Se trató del primer ejemplar completamente preservado y fue depositado en un museo en la ciudad de Dunedin. Repitiéndose el mismo patrón que en ocasiones anteriores, no volverían a tenerse noticias del animal durante mucho tiempo, hasta tal punto, que los expertos llegaron a creer muy seriamente que, esta vez sí, había desaparecido para siempre.

Afortunadamente, no todo el mundo estaba convencido de la extinción del takahe. Una de estas personas era Geoffrey Orbell, un médico neozelandés cuya figura sería clave en la historia del ave neozelandesa. Había recogido gran cantidad de información proveniente de los testimonios de maoríes que habitaban el entorno del lago Te Anau, donde habían sido avistados y capturados algunos ejemplares en el pasado. Se dio cuenta de que en las montañas que surcaban las orillas orientales de este lago, existía otro gran lago aún sin documentar por los occidentales, que además, supuestamente era -según los testimonios- hogar del takahe. De hecho, se creía que era lugar de anidamiento de estas aves. 

Orbell lideró una pequeña expedición al recién descubierto lago en abril de 1948. Aunque encontró algún rastro indicativo de la presencia del animal en la zona, no avistó directamente ningún ejemplar. Siete meses después, volvería a lanzar otra expedición en el mismo lugar, para finalmente, tropezarse con el "extinto" animal el 20 de noviembre de 1948. Mientras Orbell y sus acompañantes caminaban por un valle, un ejemplar de takahe se cruzó en su camino. A finales de aquel mismo año, el equipo de Orbell había logrado capturar vivos a dos individuos a los que examinaron y filmaron meticulosamente antes de volver a soltarlos.

En 1949, Orbell lideró una nueva expedición al valle en que había descubierto la presencia de takahes. Como fruto de las observaciones realizadas, estimó que habría unas 20 parejas reproductoras viviendo en la zona, a las que habría que sumar varias más en otro valle adyacente. La región fue declarada zona protegida inmediatamente, recibiendo el nombre de Takahe Valley y englobando todo el área de distribución de la especie.

Sello postal de Nueva Zelanda dedicado al takahe (fuente).

Los registros subfósiles indican que en el pasado la especie estuvo distribuida por toda la Isla Sur de Nueva Zelanda, pero en el momento de su redescubrimiento en 1948, ya se encontraba confinada en un área de unos 650 kilómetros cuadrados en las montañas Murchison, dentro del Parque Nacional Fiordland, en el suroeste de la Isla Sur. La población total de la especie se estima actualmente en unos 418 individuos, con aproximadamente 130 parejas reproductoras. Si bien históricamente el número de efectivos ha sufrido grandes fluctuaciones, se calcula que la población ha venido creciendo alrededor de un 10% al año desde 2015 gracias a la protección de la que gozan estos animales. Aun así, el ave se encuentra en peligro según el baremo de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). 

Se trata de un ave sin capacidad de volar debido a su elevado peso. Es una especie monógama que se reproduce entre octubre y diciembre construyendo un nido en el suelo en el que la hembra pondrá de uno a tres huevos que eclosionarán al cabo de un mes. Los polluelos -que serán alimentados por ambos progenitores- nacen con el plumaje oscuro, pero poco a poco va tornando en el azulado-verdoso del adulto. El pico también es oscuro al nacer, volviéndose rojizo con el tiempo. Alcanzan la madurez reproductora en su segundo año de vida. Tienen una dieta principalmente herbívora, alimentándose de hojas, semillas, brotes, varios tipos de hierbas e incluso algunos insectos.

Hembra de takahe incubando la puesta en su nido (fuente).

Históricamente, la caza por humanos, la deforestación y la introducción de depredadores como el armiño (Mustela erminea), han contribuido a la desaparición de esta especie de muchas zonas de su rango de distribución. Otras especies introducidas, como es el caso del ciervo rojo (Cervus elaphus) compiten con el takahe por el alimento. La endogamia también parece suponer un problema en las poblaciones pequeñas. 

Desde su redescubrimiento, se han implementado numerosos esfuerzos de conservación para proteger la especie. El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda ha establecido programas de cría en cautividad y ha reintroducido takahes en varias islas libres de depredadores. Además, se han llevado a cabo esfuerzos para controlar las poblaciones de estos últimos y el acceso del público a su área de distribución está estrictamente limitada desde hace décadas. Uno de los programas de conservación más exitosos ha sido el de la isla Tiritiri Matangi, donde se ha conseguido establecer una población viable. 

Por último, destacar que el takahe no sólo es importante desde el punto de vista ecológico, sino también cultural. Para los maoríes, es un tesoro que tiene un significado espiritual y cultural profundo. La conservación de esta especie es vista como una responsabilidad compartida entre el gobierno y las comunidades locales, especialmente las compuestas por maoríes. El redescubrimiento del takahe es un recordatorio poderoso de la capacidad de la naturaleza para sorprendernos y de la importancia de la conservación. 


Más información sobre el calamón takahe de Isla Sur:

Vídeo sobre el takahe

Otro vídeo acerca del animal

https://www.iucnredlist.org/species/22692808/170983662#taxonomy

https://es.wikipedia.org/wiki/Porphyrio_hochstetteri

Galería de imágenes del takahe

https://animalia.bio/es/south-island-takahe?letter=t

https://crux.org.nz/crux-news/takahe-breeding-success-5-nests-in-greenstone-valley

https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza/durante-50-anos-nueva-zelanda-dio-perdido-al-ave-takahe-ahora-ha-regresado-extincion

https://birdsoftheworld.org/bow/species/takahe3/cur/introduction?lang=es

https://www.muyinteresante.com.mx/medio-ambiente/38693.html

https://mundoextinto.com/descubriendo-la-gallina-de-los-takahe-en-nueva-zelanda/


domingo, 28 de julio de 2024

La pantera nebulosa, el depredador de las alturas

 La pantera nebulosa o nublada, pantera del Himalaya o pantera longibanda (Neofelis nebulosa), es un felino asiático que recibe su nombre común de las distintivas "nubes" que adornan su pelaje. 

La especie fue descrita ya en 1821 por el zoólogo Edward Griffith, quien años más tarde sería uno de los miembros fundadores de la Sociedad Zoológica de Londres. Durante mucho tiempo, la pantera nebulosa había sido considerada una única especie: la variedad de Borneo (también encontrada en la vecina isla de Sumatra), era considerada desde su descubrimiento una mera subespecie conocida científicamente como Neofelis nebulosa diardi. Sin embargo, en una fecha tan reciente como 2006, un equipo de investigación estadounidense liderado por el genetista Stephen J. O´Brien, comparó el material genético de esta variedad isleña con el de sus congéneres continentales. Basándose en el análisis de ADN mitocondrial, microsatélites y algunos caracteres morfológicos, los científicos encontraron diferencias genéticas entre los ejemplares isleños y los del continente casi tan numerosas como las que separan a los tigres de los leones. Por esta razón, decidieron elevar N. n. diardi a la categoría de especie, pasando a llamarse Neofelis diardi, conocida coloquialmente como la pantera nebulosa de Borneo o pantera nebulosa de la Sonda (en referencia a las islas homónimas), diferenciándola así de la pantera nebulosa continental. Las diferencias en caracteres morfológicos que los investigadores encontraron, se centraban principalmente en el pelaje de estos animales: los ejemplares de Borneo mostraron marcas más pequeñas y en mayor cantidad que los del continente. Además, los animales de Borneo exhiben una pronunciada doble línea dorsal, mientras que los del continente sólo tienen una línea dorsal parcialmente formada. Adicionalmente, la variedad isleña muestra un pelaje más gris y más oscuro que la variedad continental.

Los análisis moleculares de muestras de pelo, indican que ambas especies hermanas se separaron hace entre 2 y 0.93 millones de años. La pantera nebulosa continental alcanzó las islas de Borneo y Sumatra utilizando un puente de tierra probablemente durante el Pleistoceno. El aumento posterior del nivel del mar provocó la desconexión y la evolución de estos animales en dos especies separadas.

Un ejemplar de pantera nebulosa (fuente).

La división subespecífica de Neofelis nebulosa está aún abierta a debate y necesita análisis más profundos. En la segunda mitad del siglo XIX fueron descritas dos subespecies: una de ellas (N. n. macrosceloides) se extendería por Nepal, noreste de India y Bután. La otra (N. n. brachyura) habría habitado la isla de Formosa. Estudios moleculares y morfológicos mucho más recientes, han determinado que no existen evidencias suficientes que apoyen dicha subdivisión. 
Precisamente, la población endémica taiwanesa es objeto de controversia en los últimos años. El último avistamiento oficial del animal data de agosto de 1983, cuando un joven ejemplar fue encontrado en la región del monte Tawu por personal de la Universidad taiwanesa de Tunghai en una trampa de cazador. El animal fue cedido a los científicos por el propietario de la trampa y posteriormente disecado. A partir de esa fecha, se ha producido algún supuesto hallazgo relacionado con el felino, como la aparición de pieles o huellas, pero sin confirmación oficial.

En septiembre de 1986, el zoólogo Alan Rabinowitz viajó a Taiwán en un intento por conocer si el animal seguía presente en la isla o ya se había extinguido. La forma de vida nocturna y solitaria de este felino, sumado a su gusto por la vida arbórea, lo hace difícil de rastrear, por lo que Rabinowitz optó por realizar una encuesta entrevistándose con cazadores locales, guardas forestales y habitantes de la zona, interesándose tanto por los encuentros con la pantera nebulosa como por el estatus de sus potenciales presas. El científico neoyorquino se entrevistó con 70 personas, quienes le reportaron un total de 33 avistamientos. Los datos recogidos en la encuesta, sugerían la posibilidad de que pequeños grupos del animal siguiesen habitando remotas zonas boscosas de la isla, como el Parque Nacional Yushan y la región del monte Tawu. 

Entre 1997 y 2012, fue llevado a cabo un extenso estudio con cámaras trampa situadas en más de 1.450 puntos de Taiwán potencialmente habitables por la especie, desde el nivel del mar hasta unos 3.800 metros de altitud. A pesar de que numerosas presas habituales de la pantera nebulosa fueron captadas por las cámaras, no se consiguió la imagen de un solo ejemplar del felino. Este hecho llevaría a que en 2013 la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) declarase el animal extinto en la isla de Formosa. 
A pesar de ello y para sorpresa de muchos, a principios de 2019, salió a la luz pública que dos grupos de guardabosques se habían encontrado recientemente con el animal. El primer grupo afirmó haber divisado al felino cazando cabras en un acantilado dentro del condado de Taitung, mientras el segundo grupo relató haber visto a la pantera subiendo a un árbol a la vez que arrancaban sus scooters. El prestigioso ecólogo taiwanés Liu Chiung Hsi (Universidad Nacional de Taitung), ha afirmado que, en su opinión, el animal sigue vivo en la isla. El profesor realizó investigaciones de campo en la zona después de la declaración de la subespecie como extinta. En dichas investigaciones, algunos cazadores le habían confesado la existencia del animal. Los cazadores admitieron haber abatido algún ejemplar, quemando posteriormente sus restos, sabedores de que habían cometido un delito, con el objetivo de ocultar las pruebas.

Pantera nebulosa fotocapturada cerca de la cumbre del monte Saramati (India), a unos 3.700 metros de altitud. Se trata de la imagen del animal a mayor altitud jamás capturada en India (fuente).

El color del pelaje de estos animales engloba básicamente los tonos ocres, desde un amarillo-grisáceo a marrón intenso. Las manchas de color negro y distintas formas destacan visiblemente sobre el fondo. El vientre y la parte interna de las extremidades son de color más claro, mientras que la parte posterior del cuello está marcada con una o dos líneas. En Borneo se han reportado tanto individuos más oscuros como más claros de lo habitual, lo que sugiere la presencia de melanismo y albinismo en la especie.

Una característica llamativa son sus grandes caninos, que son los más largos en proporción al tamaño del cráneo de todos los felinos, midiendo unos cinco centímetros, al igual que los de los tigres, pero siendo el tamaño corporal de estos últimos unas diez veces mayor. Es por ello que a veces se les da el nombre de "los dientes de sable actuales". Son felinos de tamaño mediano, con una longitud entre 60 y 110 cm, unos 25 a 40 cm de altura en la cruz y un peso que oscila entre 11 y 23 kg, siendo un poco mayores los machos. La larga cola puede incluso superar en longitud al cuerpo.

Los felinos en general son buenos trepadores, pero la pantera nebulosa se encuentra entre los mejores. Para ello cuenta con diversas adaptaciones:

- Utiliza su larga cola para mantener el equilibrio.

- Sus patas cortas con grandes y afiladas garras les permiten un buen agarre.

- Los tobillos traseros son giratorios, lo que les permite descender de los árboles con la cabeza por delante, como hacen por ejemplo las ardillas.

- Su vista aguda les ayuda a calcular bien las distancias.

Los análisis tanto del ADN nuclear cono del ADN mitocondrial muestran a la pantera nebulosa próxima genéticamente a los grandes felinos -aunque no se le considera uno de ellos-, por lo que ha sido clasificada dentro de la subfamilia Pantherinae. A menudo es descrita como el puente de unión entre los grandes y los pequeños gatos, miembros estos últimos de la subfamilia Felinae

A pesar de ser un depredador relativamente pequeño, la pantera nebulosa puede cazar presas de tamaño considerable gracias a sus fuertes extremidades, sus largos caninos y su capacidad para abrir la boca con un ángulo de unos 100 grados, más que cualquier otro felino. En el pasado los científicos creían que la mayoría de las presas eran cazadas en o desde los árboles, sin embargo, hoy en día se tiende a pensar que la mayoría de las veces la caza ocurre en el suelo del bosque. Se cree que son animales principalmente nocturnos. Entre sus presas habituales pueden encontrarse gibones, macacos, lorís perezosos, cerdos salvajes, ciervos de pequeño tamaño, pangolines, ardillas, faisanes, puercoespines...en Malasia, un macho ha sido fotografiado llevando en sus mandíbulas un binturong

La expectativa de vida de estos animales en estado salvaje se sitúa entre 12 y 15 años, alcanzando la madurez sexual tanto machos como hembras alrededor de los dos años de edad. La cópula ocurre en cualquier mes, aunque en los individuos que viven en zoos, la mayoría de las veces se da entre diciembre y marzo. La gestación dura de 85 a 93 días, tras la cual la hembra dará a luz una camada de entre uno y cinco cachorros (normalmente dos o tres). Las hembras pueden producir una camada al año.

Sello postal de Malasia dedicado a la pantera nebulosa (fuente).

La pantera nebulosa se distribuye por el sur y sureste asiático: Nepal, Bangladesh, noreste de India y países de Indochina, incluyendo el sur de China, las islas de Borneo y Sumatra y antiguamente Taiwán. Se estima un total de entre 3.700 y 5.600 adultos reproductores en todo su rango geográfico, encontrándose sus poblaciones en declive. El animal se encuentra catalogado como "vulnerable" por la UICN. En los últimos años, se han llevado a cabo varias campañas de detección mediante cámaras trampa, pero el número de fotocapturas en todas las zonas ha sido tan bajo que no permite hacer estimaciones fiables de la densidad poblacional en cada lugar. Como ya se ha apuntado, son animales esquivos, solitarios y de hábitos nocturnos, que además pasan parte de su tiempo en los árboles, características todas ellas que dificultan mucho la realización de un censo poblacional. Adicionalmente, los estudios sugieren que en las zonas con menos densidad de tigres y leopardos hay mayor densidad de panteras nebulosas.

Son animales fuertemente asociados con el hábitat forestal, particularmente con el bosque tropical primario perenne, pero también hay registros en bosques secos y caducifolios, así como en bosques secundarios y talados, pastizales y matorrales o incluso en manglares en el caso de Borneo. Muestran preferencia por los bosques en lugar de hábitats abiertos. Pueden vivir en altitudes variadas, desde zonas bajas hasta más de 3.500 metros en el Himalaya. Tanto machos como hembras adultos cazan en territorios de unos 30-40 kilómetros cuadrados, con un área central mucho más pequeña de uso intensivo. 

El sudeste asiático está sufriendo una de las tasas de deforestación más rápidas del mundo, en muchos casos para usos agrícolas, como la producción de aceite de palma. Además de la pérdida directa, la degradación del hábitat y la pérdida de conectividad funcional probablemente estén afectando a muchas poblaciones de panteras nebulosas continentales. El desarrollo de infraestructuras es otro grave problema para estos animales, concretamente el auge de proyectos hidroeléctricos y de carreteras rurales en su hábitat. Sin embargo, la mayor amenaza que se cierne sobre las poblaciones de pantera nebulosa es la caza ilegal, tanto la dirigida al comercio como la captura incidental en trampas de cazadores. Se comercia ilegalmente con sus pieles, sus huesos para la medicina tradicional china, su carne para platos exóticos (restaurantes de Tailandia y China) o animales vivos como mascotas. En algunas zonas de su área de distribución (especialmente China e Indochina), el agotamiento de sus presas también parece ser una amenaza para su supervivencia. El cambio climático puede estar afectando a las poblaciones que viven a mayor altitud (Himalaya). 

La especie se encuentra incluida en el Apéndice I de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) y protegida por la legislación nacional en la mayor parte de su área de distribución. Sin embargo, en la mayoría de países la interpretación de la ley es imperfecta y puede verse socavada por la corrupción, por lo que es urgente tomar medidas como el incremento de las multas y las acciones punitivas contra los infractores.


Más información sobre la pantera nebulosa:

Vídeo acerca de las características de la pantera nebulosa

https://www.iucnredlist.org/species/14519/198843258#taxonomy

https://repository.si.edu/bitstream/handle/10088/32616/A_revised_Felidae_Taxonomy_CatNews.pdf?sequence=1&isAllowed=y#page=67

https://nationalzoo.si.edu/animals/clouded-leopard

https://www.nationalgeographic.com/animals/mammals/facts/clouded-leopard

https://www.britannica.com/animal/clouded-leopard

https://www.pbs.org/wnet/nature/blog/clouded-leopard-fact-sheet/

https://wwf.panda.org/discover/knowledge_hub/endangered_species/clouded_leopard/

https://globalconservation.org/endangered-species/clouded-leopard

https://www.oneearth.org/species-of-the-week-formosan-clouded-leopard/

https://www.cambridge.org/core/services/aop-cambridge-core/content/view/31AF8260540AC1BF13F356393870E1D0/S003060530002740Xa.pdf/the-clouded-leopard-in-taiwan.pdf

https://en.wikipedia.org/wiki/Clouded_leopard

https://en.wikipedia.org/wiki/Formosan_clouded_leopard


martes, 26 de marzo de 2024

El león del Cabo: crónica de un exterminio anunciado

 La taxonomía del león (Panthera leo) sigue hoy en día abierta a debate. Tradicionalmente se clasificaba al león asiático en una subespecie distinta de los leones africanos. A su vez, estos últimos eran separados en un puñado de variedades geográficas que ocupaban diferentes áreas del continente, a cada una de las cuales se le otorgó la categoría de subespecie. Con el paso de los años, comenzaron a surgir discrepancias entre los científicos, ya que esta clasificación no estaba basada en datos genéticos, sino en el estudio morfológico y anatómico de materiales cuya procedencia en algunos casos no había sido convenientemente acreditada. De esta manera, tras considerar que las diferencias observadas eran básicamente fruto de variaciones individuales y en todo caso, no eran achacables a importantes divergencias evolutivas, surgieron autores que creyeron más acertado agrupar a todas las variedades africanas en una misma subespecie, diferenciándolas de los leones asiáticos. Más recientemente, se han llevado a cabo estudios a nivel molecular que confirman una clara divergencia entre los leones del este y sur de África y las demás variedades geográficas. Los resultados están respaldados por varios grupos de investigación independientes, que han llegado a la conclusión, tras análisis craniométricos y genéticos, de que lo más razonable es distinguir dos subespecies:

1) Panthera leo leo. Se distribuye actualmente por África central y occidental e India. En el pasado también estuvo presente en el norte de África, sureste de Europa, oriente medio, la península de Arabia y el suroeste de Asia.

2) Panthera leo melanochaita. Poblaciones que se asientan actualmente en el sur y este de África.

El león del Cabo fue una población de leones que habitó las provincias sudafricanas de Natal y El Cabo, principalmente al sur del río Orange, pudiendo haber ocupado también algunas partes de Namibia. A pesar de conocerse desde mucho antes, el animal fue descrito en 1842 por H. Smith a partir de un ejemplar capturado en el cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica). En un principio fue considerado por los zoólogos de la época como una subespecie única basándose en ciertas características físicas distintivas. Sin embargo, hoy en día se sabe que esta población de felinos estaba conectada y en intercambio genético frecuente con las demás poblaciones de leones del sur y este del continente. 

Los leones del Cabo habitaron diferentes biomas y zonas climáticas en su área de distribución, incluyendo la sabana, grandes praderas, zonas de matorrales, franjas boscosas e incluso semidesiertos, lugares en los que estos animales eran capaces de abastecerse de grandes presas. El espacio geográfico que ocuparon estos leones era básicamente la meseta interior de Sudáfrica, limitada por la Gran Escarpa, una serie de elevaciones de pendientes pronunciadas que forman el borde de separación entre las tierras altas y la zona costera.

El león del Cabo en un grabado de 1883 (fuente).

La población de leones del Cabo se vio severamente afectada por la llegada de colonos europeos y sus prácticas agrícolas desde mediados del siglo XVII. Los registros muestran que la presencia de estos animales era bastante común en las proximidades de Ciudad del Cabo por aquel entonces. Los boers o afrikaners, de origen neerlandés, fueron los primeros pobladores europeos que se establecieron en la zona. Con su llegada a las provincias de El Cabo en 1652, comenzaron a construir granjas para la cría de ganado. Su presencia condujo a una reducción significativa de las presas naturales de los leones, lo que los obligó a depredar sobre el ganado doméstico, como vacas y ovejas. Al perder su ganado en ataques de los leones, los colonos y tribus locales comenzaron a eliminar a los felinos. Durante el siglo XVIII su presencia aún era bastante común en las proximidades de Ciudad del Cabo, aunque sus números habían comenzado a declinar. 
La situación empeoraría aún más para estos felinos a partir de 1795, fecha en que llegaron a El Cabo los primeros británicos. Se estima que con la llegada de estos últimos, la cifra de leones del Cabo disminuyó desde 10 mil a aproximadamente 100 ejemplares en unas pocas décadas.
A medida que los asentamientos de los europeos iban creciendo, el hábitat natural del león del Cabo menguaba, forzando así a estos animales a buscar presas entre el ganado doméstico.
La caza tuvo un gran impacto sobre la población de los leones. Durante el siglo XIX, la caza mayor era un deporte muy popular entre los colonos. Los europeos diezmaron las poblaciones de presas de estos grandes felinos: antílopes, cebras, jirafas, búfalos... Y por supuesto los propios leones se encontraban entre los trofeos de mayor prestigio para los cazadores.
En conjunto, todos estos factores llevaron a la población de leones del Cabo a un declive del que ya no fue capaz de recuperarse. Aunque no se sabe con total precisión, se piensa que el último león de la provincia de El Cabo fue abatido en 1858. El último ejemplar del que se tiene registro, fue abatido en la provincia de Natal por el general del ejército británico John Jarvis Bisset en 1865. 

Esta es la única imagen que se conserva de un león del Cabo aún en vida. Fue tomada hacia 1860 en el Jardin des plantes de París (fuente).

El león del Cabo era el más grande y pesado de los leones subsaharianos. Un macho adulto podía llegar a pesar alrededor de 230 kg. La longitud desde la cabeza al extremo de la cola alcanzaba casi tres metros y la altura en la cruz podía sobrepasar el metro. Una de sus características más distintivas era su melena: larga, abundante y casi enteramente negra, excepto por un anillo de color pardo alrededor de la cara. El extremo de las orejas era igualmente más oscuro. Debido a este color, también eran conocidos como leones de melena negra. Al igual que en el león del Atlas, su melena se extendía por el abdomen.  
La distintiva coloración de su melena y su mayor tamaño fueron dos de las características apreciables a simple vista por las que en un principio se separó a estos leones en una subespecie propia. Si bien muchos ejemplares parece que tenían melena de color negro, se han conservado registros de leones del Cabo con un color de la melena pardo, más parecido al de la mayoría de leones de otros lugares. De igual modo, existen leones actuales pertenecientes a diferentes grupos geográficos con melena negra. Aunque se trataba de un rasgo más común entre los leones del Cabo, no era exclusivo de ellos.
La melena oscura parece haber estado relacionada con una mejor adaptación de estos leones a las condiciones ecológicas específicas de la región del Cabo. Podía servir por ejemplo para un mejor camuflaje con el entorno. Se piensa que también tenía un papel en la comunicación con sus congéneres. Incluso podría haber tenido importancia en la termorregulación de estos animales. 

Este es el aspecto que mostraría un león del Cabo tipo, según la descripción de 1842 (fuente).

Un estudio reciente (marzo de 2024), parece contradecir algunas de las creencias que se tenían acerca del aspecto físico de estos leones. Dicho estudio, publicado en la revista científica Journal of Heredity y liderado por investigadores de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, ha comparado la diversidad genética del león del Cabo con la de leones modernos distribuidos por 13 países africanos diferentes. Un hecho importante, es que esta investigación representa la primera comparación exhaustiva del genoma completo del león del Cabo con el de varias poblaciones de leones actuales. Estudios previos en este sentido, se habían limitado al análisis de segmentos concretos del ADN de los felinos extintos. Aún así, consiguieron arrojar las primeras pistas de que estos leones no eran tan distintos del resto como inicialmente se pensó.
El equipo de investigación extrajo muestras de los cráneos de dos especímenes de león del Cabo albergados en el Field Museum de Chicago (Illinois). Dichos cráneos habían formado parte entre 1828 y 1838 de dos ejemplares completos expuestos en la Universidad de El Cabo. El hecho de poder trazar su procedencia supuso una ventaja para los investigadores, ya que, como ellos mismos admitieron, al saberse con exactitud su origen (al contrario que el de otras muchas muestras alrededor del mundo), se trataba de leones con pedigree a los que poder aplicar las técnicas más recientes de análisis genómico.
Las muestras extraídas de los dos cráneos fueron comparadas con los genomas mitocondrial y nuclear de otros 53 leones africanos. El estudio encontró que el genoma de los leones del Cabo era más diverso de lo esperable y se identificaron semejanzas con otros leones tanto de la zona sur como del este de África. Se sabe de esta manera que muchas de las características que poseían los leones del Cabo, están hoy en día presentes en las poblaciones de leones contemporáneos de estos lugares del continente. 
Una de las cosas que más sorprendió a los investigadores fue que, a pesar de proceder ambos cráneos de leones que habitaron áreas bastante cercanas, mostraban unos linajes tanto mitocondrial como nuclear bastante diferentes, lo que demostraba que los leones del Cabo eran genéticamente diversos.
Otro descubrimiento importante de la investigación fue que estos leones mostraban una alta heterocigosidad y no mostraban señales de endogamia. Según los autores, esto es debido a que estos felinos fueron cazados y exterminados en un periodo tan corto que no tuvieron tiempo suficiente para acumular en sus genomas signos típicos de un tamaño efectivo poblacional demasiado pequeño (lo cual sucede comúnmente en poblaciones en declive).
La variabilidad genotípica observada en el león del Cabo llevaría aparejada una variabilidad fenotípica, es decir, no todos los animales tenían el mismo aspecto físico. Esto incluye como es lógico el color de la melena. No todos tenían necesariamente una melena tan oscura. Esto último encajaría con descripciones alternativas de estos felinos, como por ejemplo las proporcionadas por los pueblos nativos de su área de distribución y mostraría discrepancias con la imagen que se tenía de ellos basada en la descripción del animal a partir de un único ejemplar.

 León del Cabo obra del artista neerlandés Rembrandt alrededor del año 1650. Museo de Louvre, París. (fuente).

El descubrimiento de las comentadas semejanzas genéticas entre los leones del Cabo y otras poblaciones de leones del sur y este de África, abre la puerta a posibles intentos de "resurrección" de estos felinos. La preservación y potenciación de caracteres distintivos mediante programas de cría en cautividad, asoma en el horizonte como una opción bastante plausible (al igual que se está haciendo con otras especies). Desde hace años se están llevando a cabo algunos intentos en este sentido. Por ejemplo, el protagonizado por el sudafricano John Spence, a quien su búsqueda de posibles descendientes de leones del Cabo trasladados a zoos europeos le llevó en 2001 hasta Novosibirsk (Siberia). Allí se hizo con varios cachorros que envió al zoológico de Ciudad del Cabo para su análisis genético, sin haber arrojado resultados concluyentes. Otro ejemplo es la búsqueda de descendientes de estos leones por parte del aventurero Forrest Galante en el sur de Zimbabue. 

Por otra parte, unos cuantos museos alrededor del mundo, conservan aún especímenes de estos leones, en algunos casos el animal completo disecado y en otros casos partes del animal, como su cráneo. Pueden citarse como ejemplos los Museos de Historia Natural de París y Londres, el Museo Transvaal de Sudáfrica y otros museos similares en Países Bajos, Suecia o la República Checa. Los ejemplares depositados en ellos son de gran utilidad como proveedores de muestras para estudios basados en análisis genéticos.

A pesar de su aparente extinción, el león del Cabo sigue muy presente en la memoria colectiva y en la cultura popular de distintos pueblos. Su reputación de animal mítico y majestuoso, asegura que su legado pase de generación en generación y no caiga en el olvido.

Más información sobre el león del Cabo: