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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que contar y contarlo" (Oscar Wilde). "Me he dedicado a investigar la vida y no sé por qué ni para qué existe" (Severo Ochoa).

martes, 30 de diciembre de 2025

El glotón: feroz depredador de tierras árticas

El glotón o carcayú (Gulo gulo) fue conocido por los pueblos indígenas del hemisferio norte mucho antes de que la zoología occidental lo describiera formalmente. Sin embargo, su descubrimiento científico, tal como lo entiende la historia natural europea, se remonta al siglo XVIII. El primero en describir oficialmente la especie fue Carl Linnaeus en 1758, quien la incluyó en la décima edición de su Systema NaturaeMucho antes de esta clasificación formal, exploradores, tramperos y cronistas europeos ya habían oído hablar del glotón gracias a relatos de pueblos nativos de Norteamérica y Eurasia. Algunos exploradores franceses de Canadá lo llamaban carcajou, término probablemente procedente de lenguas algonquinas, mientras que en inglés norteamericano también circularon nombres como skunk bear o glutton, reflejo de las historias sobre su supuesta voracidad y ferocidad. Estos apelativos coloniales derivaron de una mezcla de observación directa y mitología local, lo que alimentó una reputación legendaria que acompañó al animal durante siglos. 

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, naturalistas europeos se encontraron con el glotón en regiones árticas y subárticas durante expediciones científicas en América del Norte, Escandinavia y Siberia. En estas primeras descripciones se destacaban su apariencia semejante a un pequeño oso, su furia desproporcionada en relación a su tamaño y su capacidad de vivir en regiones remotas. A medida que se recopilaron más especímenes y relatos, se comprendió que el glotón era un miembro atípico, pero perfectamente legítimo, de la familia Mustelidae. En Norteamérica, buena parte del conocimiento temprano que los colonos europeos obtuvieron sobre el glotón llegó de manera indirecta, a través de historias de tramperos que lo veían como una molestia incansable capaz de saquear trampas y refugios, un comportamiento que aparece documentado tanto en textos de historia natural como en descripciones etnográficas del siglo XIX. Esta conducta, real o exagerada, influyó en su fama de animal indómito y difícil de estudiar. Con la expansión de la zoología como disciplina en el siglo XIX, comenzaron sus primeras clasificaciones detalladas, aunque no sin controversias. A lo largo de esta época algunos autores llegaron a proponer que las poblaciones norteamericanas y eurasiáticas pertenecían a especies distintas, llegando a nombrar Gulo luscus a la variedad americana, debido a diferencias morfológicas y geográficas percibidas. Sin embargo, la mayoría de taxónomos acabó reconociendo que se trataba de una única especie de distribución holártica

La revisión moderna de la familia Mustelidae considera al género Gulo como monoespecífico, lo que confirma que aquellas distinciones eran interpretaciones iniciales más que diferencias taxonómicas reales. El avance de la genética y la biología evolutiva en los siglos XX y XXI permitió comprender mejor su origen y su expansión. Se han descrito registros fósiles en muchos lugares de Eurasia y América del norte correspondientes al Pleistoceno y el Holoceno (periodo Cuaternario), incluidos bastantes fuera de su distribución histórica. Sin embargo, tan solo se ha reportado un único registro del género antes del Cuaternario en la región rusa de Transbaikalia.  Los datos moleculares señalan que dentro de los mustélidos, los glotones están estrechamente emparentados con la taira, la marta y la marta pescadora, formando junto a todos ellos la subfamilia Guloninae.

Los estudios contemporáneos destacan que el glotón, pese a su tamaño modesto comparado con otros carnívoros, ha sobrevivido a periodos glaciales gracias a una combinación de adaptaciones fisiológicas, un enorme rango de distribución y una afinidad marcada por los climas fríos. Muchas poblaciones del sur de Europa y de Estados Unidos se extinguieron con la presión humana, la caza y el retroceso de su hábitat desde el siglo XIX, lo que explica por qué su área actual es mucho más reducida que la observada en registros históricos. Desde que Linneo lo reconoció como especie en 1758 hasta los estudios genéticos actuales, el glotón ha sido un animal que desafía a quienes intentan entenderlo: esquivo, solitario, fuerte, difícil de observar y rodeado de leyendas desde mucho antes de su “descubrimiento” formal.

Un glotón fotografiado en Alaska, (fuente).

Una de las características más llamativas del glotón es que se trata del mustélido terrestre de mayor tamaño, siendo sólo superado dentro de su familia por la nutria gigante (Pteronura brasiliensis). A pesar de ello, sus medidas no superan las de un perro de tamaño mediano, denotando este hecho que los mustélidos son una familia de carnívoros de pequeño tamaño en general. Los machos pueden llegar a alcanzar cerca del medio metro de altura en los hombros, con una longitud del cuerpo que puede superar el metro en los ejemplares más grandes, a lo que habría que añadir una cola de entre 17 y 26 centímetros aproximadamente. Pueden llegar a superar los 30 kilos de peso. Las hembras son de menor tamaño, siendo este el único carácter distintivo entre ambos sexos, ya que la especie no muestra un dimorfismo sexual marcado. 

El glotón es un prodigio de adaptaciones fisiológicas y ecológicas que le permiten sobrevivir en uno de los entornos más rigurosos del planeta. Su vida está intrínsecamente ligada a las regiones frías del hemisferio norte, y cada rasgo de su anatomía, conducta y ecología parece haber sido esculpido por la nieve, el hielo y la escasez estacional de alimento. Como ya se ha indicado, su rango de distribución abarca una enorme extensión, siendo un animal típico de las regiones más gélidas de Canadá, norte de Estados Unidos, China, Mongolia, Rusia y los países escandinavos. Ocupa una amplia variedad de hábitats: zonas alpinas, bosques boreales de coníferas, zonas abiertas de montaña e incluso zonas de tundra. Se trata de un animal solitario que establece su dominio sobre vastos territorios de hasta 500 kilómetros cuadrados en el caso de los machos y 200 kilómetros cuadrados en el caso de las hembras. Se sabe que realizan extensos movimientos estacionales y son principalmente nocturnos, con algo de actividad diurna también. Su selección de hábitat está marcada negativamente por la presencia humana, se trata de un animal esquivo que evita estar cerca de las carreteras y otros tipos de infraestructuras.

Entre las adaptaciones podemos destacar las siguientes:

1. Sus patas anchas y su forma de locomoción semi-plantígrada, características que distribuyen mejor su peso sobre la nieve blanda e impiden que se hunda en terrenos invernales donde incluso los ungulados más grandes quedan atrapados. Esta ventaja mecánica le permite moverse con eficiencia sobre superficies que serían inaccesibles para la mayoría de los carnívoros, y es una de las razones por las que, incluso con un tamaño relativamente modesto, puede hostigar o aprovechar presas grandes que quedan inmovilizadas o debilitadas en la nieve profunda. La literatura zoológica moderna describe con detalle cómo esta morfología, junto a su musculatura poderosa y su resistencia física, le permite recorrer grandes distancias en condiciones extremas, a menudo superando los 100 kilómetros en un solo día de desplazamiento, según registros de campo en Norteamérica y Escandinavia. 

2. Su pelaje denso, grueso y oleoso es otra pieza clave de su adaptación al frío. La estructura de su manto repele la humedad y acumula aire entre las capas internas, creando una barrera térmica altamente eficiente. Este tipo de pelaje no solo protege al glotón en temperaturas muy bajas, sino que también permite que la escarcha y el hielo no se adhieran fácilmente, una ventaja esencial cuando se mueve entre ventiscas o excava en nieve endurecida para acceder a restos de carroña o preparar lugares de descanso. Este abrigo natural fue tan apreciado por los pueblos indígenas que sus pieles llegaron a emplearse en la confección de parcas y capuchas, justamente porque la escarcha se desprendía con facilidad, evitando que la humedad penetrara en la ropa. 

Hembra de glotón transportando a su cría fuera de la madriguera. Esta grabación, a cargo del naturalista Andrew Manske, representa un hecho excepcional, pudiendo tratarse del primer registro en la naturaleza, (fuente).

3. Otra adaptación sobresaliente es su dieta extremadamente flexible y oportunista. En invierno, cuando la mayoría de las fuentes de alimento escasean, el glotón es principalmente carroñero: sigue rastros de depredadores mayores, localiza cadáveres enterrados por avalanchas y almacena restos en “neveras naturales” bajo la nieve para consumirlos más tarde. Esta estrategia es especialmente eficaz en climas fríos, donde la congelación ayuda a conservar los nutrientes durante semanas o incluso meses. En verano diversifica su dieta e incluye bayas, pequeños mamíferos, huevos, e incluso insectos, adaptándose a lo que el entorno ofrece en cada estación. Los cambios estacionales en los patrones alimentarios constituyen un rasgo fundamental para su supervivencia y para su capacidad de dispersarse por áreas amplísimas. Sus dientes y mandíbulas fuertes están adaptados para triturar huesos congelados y así sacar máximo provecho a la carroña. Su olfato prodigioso les permite detectar cadáveres enterrados bajo metros de nieve. Gracias a su fuerza y agresividad son capaces de ahuyentar animales de tamaño superior, como osos, pumas y lobos para robarles sus presas. 

4. Habitar zonas de clima hostil garantiza bajas densidades de depredadores y competidores. Necesita grandes extensiones de terreno relativamente intacto, con baja presencia humana, y temperaturas que mantengan el alimento congelado y la nieve estable durante largos periodos. Los estudios ecológicos confirman que prefiere regiones remotas, a menudo por encima del límite forestal o en áreas con mínima actividad humana. Recorre su territorio de manera casi continua, siempre en movimiento, oliendo, excavando y explorando. 

5. Cuentan con glándulas odoríferas (glándulas anales) con las que segregan un líquido de fuerte olor que les sirve para marcar su territorio y ahuyentar a posibles depredadores.

6. Sus garras curvas, afiladas y semirretráctiles son ideales para trepar árboles y rocas, así como para excavar. Junto con la potente musculatura que han desarrollado en cabeza, cuello y hombros, son capaces de derribar presas de tamaño muy superior al suyo, como caribúes, cabras montesas, crías de alce e incluso bisontes.

7. La biología reproductiva del glotón es igualmente fascinante y refleja una estrategia finamente ajustada a los retos de su ecosistema. A diferencia de otros carnívoros de tamaño comparable, el glotón exhibe un fenómeno conocido como implantación diferida: aunque el apareamiento se produce entre mayo y julio, el embrión no se implanta inmediatamente en el útero. En su lugar, queda en un estado latente hasta que las condiciones ambientales son favorables, de modo que las crías nacen a finales del invierno o comienzos de la primavera, cuando la nieve profunda aún proporciona aislamiento, pero la disponibilidad de alimento empieza a aumentar. Este mecanismo ofrece una ventaja considerable en paisajes tan impredecibles como la taiga y la tundra, permitiendo sincronizar el nacimiento de las crías (generalmente entre dos y cinco por camada) con el momento óptimo para su supervivencia. Las madrigueras suelen ubicarse bajo la nieve, en cavidades de roca o troncos caídos, donde la hembra prepara una cama de hojas o hierba que protege a los recién nacidos del frío extremo. 

Sello postal de Estados Unidos con la imagen del glotón, (fuente).

No obstante, esta delicada dinámica reproductiva convierte al glotón en una especie particularmente vulnerable a los cambios ambientales acelerados. Las amenazas que enfrenta hoy son múltiples y crecientes. De todas ellas, la más crítica es la pérdida de nieve persistente asociada al calentamiento global, ya que afecta directamente tanto la disponibilidad de refugios adecuados para las madrigueras como la capacidad del animal para desplazarse y dispersarse por su territorio. Estudios recientes sobre su conectividad genética demuestran que la reducción del manto nival interrumpe las rutas entre poblaciones, disminuye el flujo genético y amenaza la estabilidad a largo plazo de la especie, especialmente en las zonas más meridionales de su distribución. 

A estas presiones climáticas se suma la fragmentación del hábitat debida a actividades humanas como la construcción de carreteras, la deforestación, la minería y la expansión de áreas de recreo y asentamientos. En Norteamérica, las poblaciones del glotón en las Montañas Rocosas y otras regiones montañosas han experimentado una reducción significativa desde el siglo XIX, y algunos estudios señalan que ciertas subpoblaciones podrían haber desaparecido localmente debido a la combinación de persecución humana y pérdida de territorios fríos adecuados. La sobreexplotación de su piel en épocas pasadas también contribuyó al declive de sus números, aunque hoy el comercio está regulado en la mayoría de los países donde habita la especie. 

La presión humana afecta además la disponibilidad de alimento, reduce la calidad de los refugios y aumenta los encuentros conflictivos con el animal, especialmente entre tramperos. La especie, en su continua búsqueda de comida, puede llegar a saquear trampas o refugios, lo que históricamente le generó una reputación de “saqueador indeseable” y provocó persecución directa. A pesar de esto, su carácter solitario y la vastedad de sus territorios dificultan su estudio y hacen que gran parte de su ecología siga siendo esquiva. La investigación moderna, sin embargo, coincide en que la supervivencia futura del glotón depende de proteger y conectar las regiones frías que funcionan como “islas de hábitat” donde el animal puede prosperar. 

El glotón también está presente en el arte, como demuestra este grabado de 1788, (fuente).


Las agencias de conservación han empezado a responder a estas amenazas, y en 2023, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos otorgó protección federal al glotón norteamericano bajo la Ley de Especies en Peligro, reconociendo oficialmente que el cambio climático está desmantelando el componente esencial del ambiente del que depende la especie. A nivel global, los esfuerzos buscan identificar corredores ecológicos, mitigar la fragmentación y monitorear genéticamente las poblaciones para asegurar su viabilidad a largo plazo.

Más allá de las extraordinarias adaptaciones que le permiten sobrevivir en los paisajes boreales, el glotón ocupa un lugar ecológico muy particular en los ecosistemas fríos del hemisferio norte. Su papel como consumidor oportunista y carroñero especializado lo convierte en un eslabón clave en la limpieza y redistribución de nutrientes en entornos donde la materia orgánica puede permanecer congelada durante meses. Su capacidad para localizar cadáveres enterrados bajo metros de nieve, contribuye a evitar la acumulación de restos que de otro modo tardarían mucho tiempo en descomponerse. Esta función ecológica, aunque difícil de cuantificar con precisión debido a su carácter esquivo, es especialmente relevante en regiones donde los ciclos tróficos dependen fuerte­mente de la estacionalidad extrema. 

Además, su facilidad para desplazarse sobre la nieve profunda, gracias a su forma de locomoción semi-plantígrada y a sus patas anchas, no solo le permite acceder a alimento, sino también moverse entre distintos parches de hábitat en paisajes fragmentados. Estos movimientos, amplios y constantes, facilitan la conexión ecológica entre zonas remotas. Por ello, el glotón actúa indirectamente como un indicador de conectividad: allí donde puede desplazarse, suele existir aún un corredor funcional de frío, nieve persistente y baja presencia humana. Estudios de genética paisajística confirman esa relación entre la continuidad del manto nival, la movilidad del glotón y la salud general del ecosistema boreal. 

Un glotón devorando el cadáver de un reno, (fuente).

El simbolismo cultural asociado al glotón también ha dejado una huella profunda. Para numerosos pueblos indígenas de América del Norte y Eurasia, el carcayú ha sido tradicionalmente un animal emblemático, tanto admirado por su tenacidad como temido por su reputación de saqueador infatigable. Antes de que los naturalistas europeos lo clasificaran formalmente, ya ocupaba un lugar destacado en mitos y relatos orales, donde se le atribuían cualidades que iban desde la astucia hasta una fuerza desproporcionada respecto a su tamaño. La persistencia de estos relatos contribuyó a darle a la especie un aura de misterio y ferocidad que, aunque exagerada, encontró eco en las primeras observaciones de exploradores y tramperos occidentales. 

En cuanto a los métodos modernos utilizados para estudiar a este carnívoro tan esquivo, los científicos se han visto obligados a combinar tecnologías avanzadas con enfoques tradicionales. Dado que su densidad poblacional es baja y sus territorios muy extensos, las observaciones directas resultan raras. Por ello, los investigadores recurren a análisis genéticos extraídos de pelos o heces, a estudios de isótopos estables que permiten reconstruir cambios dietéticos a lo largo del tiempo y a técnicas de genética del paisaje que revelan patrones de conectividad entre poblaciones. Algunos de estos métodos han permitido documentar alteraciones en la dieta del glotón a lo largo de un siglo completo, así como comprobar cómo las condiciones ambientales y la fragmentación influyen en el intercambio genético entre regiones distantes. Todo ello ha sido crucial para comprender su vulnerabilidad actual ante el calentamiento global y para diseñar estrategias de conservación más eficaces. 

Hoy, la conservación del glotón se encuentra en un punto decisivo. Su dependencia de la nieve persistente, la necesidad de grandes territorios intactos y su baja densidad natural hacen que cualquier alteración del clima o del paisaje tenga efectos amplificados. Su futuro depende de mantener conectados los fragmentos de naturaleza fría que todavía perduran. En este sentido, el glotón no es solo un superviviente de los hielos: es también una advertencia viviente de cómo los ecosistemas boreales (entre los más frágiles del planeta) reaccionan ante los cambios acelerados de nuestra era.

En conjunto, es un animal diseñado para sobrevivir donde pocos mamíferos medianos podrían hacerlo: un superviviente de las nieves, dotado de un pelaje magnífico, una astucia notable y una fuerza desproporcionada para su tamaño. Todo ello lo convierte en una de las especies más fascinantes del hemisferio norte, además de un indicador temprano de los efectos del calentamiento global y de la fragmentación de los ecosistemas boreales.

Por último, destacar que el glotón es el animal real que inspiró la creación del personaje de Marvel Lobezno (Wolverine en inglés), creado por Roy Thomas en 1974 para ser un héroe canadiense. Thomas buscaba crear un héroe para la creciente audiencia de Marvel en el país norteamericano y eligió al glotón por su reputación de fiero y resistente. El personaje de cómic muestra similitudes tanto físicas como de comportamiento con el animal: es compacto, musculoso, fuerte, dotado de garras afiladas, habita regiones frías y su comportamiento es solitario, gruñón, difícil de acorralar y capaz de enfrentarse a enemigos de mucho mayor tamaño. 


Más información sobre el glotón o carcayú:

Vídeo del glotón enfrentándose a rivales mucho mayores

Video titulado "El demonio de la tundra"

https://animaldiversity.org/accounts/Gulo_gulo/

https://www.iucnredlist.org/species/9561/45198537

https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2024/10/02/el-animal-poco-conocido-que-inspiro-a-wolverine-de-marvel/

lunes, 28 de julio de 2025

Bisonte europeo: el regreso de un gigante

 El bisonte europeo, wisent o más coloquialmente búfalo europeo (Bison bonasus) es una de las dos especies de bisontes que sobreviven actualmente en el mundo, junto a su pariente el bisonte americano. La especie estuvo al borde de la extinción a principios del siglo XX, pero gracias a los programas de cría y recuperación, hoy en día viven en libertad y semilibertad varios miles de estos animales, repartidos en diversas poblaciones principalmente en la zona central y oriental de Europa. 

Se trata del animal terrestre más grande del continente, y se piensa que los individuos en el pasado pudieron alcanzar incluso mayores dimensiones que sus descendientes modernos. La longitud del cuerpo oscila entre 210 y 350 centímetros, con una altura en la cruz de hasta dos metros y una cola que puede alcanzar los 80 centímetros. El peso normalmente se sitúa entre 350 y 1.000 kilogramos, siendo considerablemente más corpulento el macho. Posee un pelaje denso de un color que varía entre el marrón oscuro y el marrón dorado. El cuello es corto y ancho, intensificado por una especie de corta melena en su parte inferior. Con un cuerpo relativamente estrecho, especialmente en sus cuartos traseros, destaca una notable joroba sobre los hombros del animal. Las extremidades son más largas que las de su pariente americano, y la cabeza es más pequeña y se mantiene más elevada que la de este. El pelo adquiere un aspecto más lanoso alrededor de los hombros, el cuello y la frente, mientras un mechón a modo de "barba" cuelga de las mejillas. Los cuernos, presentes en ambos sexos, son por lo general algo más largos y curvados que los de sus parientes del otro lado del Atlántico. Las hembras, además de por su menor corpulencia, se distinguen de los machos por sus cuernos y cuello más delgados y su joroba de menor tamaño.

Grupo de bisontes europeos reintroducidos en las dunas de Kraansvlak (Países Bajos), (fuente).

En tiempos prehistóricos, el bisonte europeo habitó la mayor parte del continente, desde el norte de España, hasta las montañas del Cáucaso, extendiéndose su área de distribución también por la parte asiática de Rusia, llegando por el este hasta el lago Baikal y la cordillera de Altai. Compartió territorio con el ya extinto bisonte estepario (Bison priscus) y fue representado en multitud de cuevas mediante pinturas rupestres, algunas de las cuales tienen una antigüedad de 20.000 años. Con el paso de los siglos, la cantidad de estos ungulados fue menguando a medida que las poblaciones humanas crecían y competían con ellos por el territorio. De esta manera, se llegó al siglo XX con la especie prácticamente al borde de la extinción. Tan solo sobrevivían dos poblaciones: una albergando unos pocos individuos en las remotas montañas del Cáucaso norte (sur de la Federación Rusa) y otra con un mayor número de efectivos en el bosque de Bialowieza (Polonia). Al llegar la Primera Guerra Mundial, las tropas de ocupación alemanas eliminaron unos 600 animales de esta última con el fin de ser consumidos como alimento, caza deportiva y otros propósitos. Al final de la guerra, solo quedaban vivos nueve bisontes en Polonia. El último de ellos en estado salvaje fue abatido en 1921. 

No corrió muy diferente suerte la población del Cáucaso: el último de los animales en libertad fue eliminado en 1927, quedando desde ese momento la especie extinta en la naturaleza. Por suerte, para aquel entonces, una docena de ejemplares eran mantenidos en parques zoológicos y colecciones privadas. Este sería el punto de partida para su recuperación.

A principios de la década de 1920 fue fundada por científicos de Polonia, Alemania, Reino Unido y Suecia la "Sociedad para la protección del bisonte europeo (SPEB)", cuyo primer objetivo fue realizar un inventario de todos los bisontes vivos con el fin de iniciar un programa de cría. Sus esfuerzos se centraron en repoblar el bosque de Bialowieza, una de las mayores áreas forestales de Europa, ideal como hábitat capaz de albergar un gran número de estos enormes ungulados. 

Bisonte del Cáucaso macho fotografiado en la década de 1920 en el zoológico de Hamburgo, (fuente).

Los intentos de reintroducción del animal comenzaron muy poco después de su desaparición en estado salvaje, ya que en 1928 daría inicio en el citado bosque polaco un programa de cría especial, hecho que supuso el pistoletazo de salida a la recuperación de la especie. Durante las siguientes décadas, el número de bisontes en cautividad aumentó significativamente, pero hubo que esperar hasta 1954 para asistir a la liberación en la naturaleza de los dos primeros ejemplares fruto del programa. Este hecho fue seguido por la reintroducción de la especie en zonas salvajes de distintos países europeos. 

La recuperación del bisonte europeo está siendo eficaz aunque lenta, en gran medida debido a que buena parte de la población en cautividad se encuentra en parques zoológicos con unas instalaciones de tamaño limitado, inadecuadas para cobijar manadas de gran tamaño. En el año 2000, la población total de estos animales se estimaba en alrededor de 2.800 individuos. A partir de 2004, la mayoría de esfuerzos dedicados a la conservación de la especie han sido guiados y coordinados por el "Plan de Acción del Bisonte", programa elaborado por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), en colaboración con el "Centro Europeo para la Conservación del Bisonte (EBCC)" y otras organizaciones. Un hito importante en el desarrollo de este plan tuvo lugar en 2020, cuando el estatus de la especie pasó de "vulnerable" a "casi amenazada" de acuerdo con los estándares de la UICN. Gracias a los programas de recuperación, el número de individuos pastando hoy en día en régimen de libertad y semilibertad supera los 7.000. 

Durante los últimos años, el bisonte europeo ha sido reintroducido en países en los que llevaba mucho tiempo ausente, como Rumanía, donde los últimos ejemplares habían desaparecido hace más de dos siglos. El programa de reintroducción comenzó en los Cárpatos meridionales en 2014. En 2021 había más de 100 ejemplares en la zona, incluyendo 25 terneros nacidos en libertad. Otra zona del país donde se han reintroducido es el parque natural Vanatori-Neamt, en el noreste del territorio. 

Asimismo, se están llevando a cabo iniciativas de repoblación en muchos otros países europeos, como Polonia, Bielorrusia, Bulgaria, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, España e Inglaterra. 

Sello postal de Bielorrusia dedicado al bisonte europeo, (fuente).


Diversos estudios han demostrado que los machos entre cuatro y seis años de edad son capaces de llevar a cabo una espermatogénesis completa, por lo que ya son maduros sexualmente. Sin embargo, no participan aún en la reproducción: los toros de más edad les impiden acercarse a las hembras. La edad reproductora en los machos empieza a los seis años y finaliza a partir de los doce, debido a que el proceso de espermatogénesis se ve atenuado a partir de entonces. Las hembras generalmente alcanzan la madurez sexual en su tercer año de vida y dan a luz a su primer ternero durante el cuarto año, aunque la maternidad puede adelantarse un año o retrasarse uno o dos años. Pueden dar a luz a lo largo de toda su vida, aunque suelen hacerlo hasta los 18-20 años de edad. La temporada de celo se produce de agosto a octubre y el periodo de gestación dura alrededor de 265 días. Lo normal es que cada parto esté compuesto por un único ternero, aunque esporádicamente se componen de dos en los partos de animales cautivos. La expectativa de vida de los machos en cautividad ronda los 20 años, mientras que en estado salvaje no viven más de 14-16 años. Las hembras en cautividad pueden vivir hasta 28 años, mientras que la hembra más longeva observada en estado salvaje tenía 24 años. 

El bisonte europeo es un animal gregario. Las unidades poblacionales básicas observadas son tanto grupos mixtos como grupos de machos. Los grupos mixtos contienen hembras, bisontes jóvenes de 2-3 años de edad, terneros y temporalmente machos adultos. El tamaño de estos grupos varía dependiendo del territorio en que se asientan, pero no suele superar los 20 animales por término medio. Los grupos de machos son pequeños en todas las poblaciones, estando formados por dos animales por término medio. Más de la mitad de los machos viven una vida solitaria. 

Los bisontes tienen gran importancia ecológica, ya que son una especie clave en el ecosistema del que forman parte. Ejercen gran influencia sobre la vegetación, ayudan a regular su crecimiento ya que se alimentan de grandes cantidades de herbáceas y arbustos, abren múltiples caminos en los bosques con el simple hecho de caminar a su través, crean parches de suelo desnudo al revolcarse en él, con lo que habilitan a plantas pioneras para colonizar nuevos espacios. Estos animales también contribuyen en gran medida a la reproducción de numerosas especies de plantas mediante la dispersión de nutrientes y semillas con sus excrementos, lo que aumenta la biodiversidad y favorece a los polinizadores. Además, son responsables de otros beneficios para el ecosistema, por ejemplo hay especies de pájaros que utilizan su pelaje invernal para construir nidos o se alimentan de las garrapatas y otros parásitos de su piel, como es el caso de las urracas. 

Hembra de bisonte europeo acompañada de su ternero, (fuente).

A pesar de que las poblaciones de bisonte europeo han experimentado un gran auge desde el comienzo de los programas de cría y reintroducción, la especie aún se enfrenta a diversas amenazas, que podemos resumir de la siguiente manera: 

  1. Genética. La variabilidad genética de la especie es relativamente baja, debido a su extinción en estado salvaje a principios del siglo XX y posterior restauración a partir de tan solo doce animales cautivos. A este hecho hay que sumar que la mayoría de subpoblaciones se encuentran funcionalmente fragmentadas y aisladas de grupos vecinos ya sea por la distancia o por barreras, tanto naturales como debidas al ser humano.
  2. Especie refugiada. Cuando comenzó la reintroducción de la especie en el medio natural en la década de 1950, el animal fue caracterizado como un especialista de bosque, por eso fue reintroducido en hábitats forestales. Sin embargo, posteriores estudios, sugieren que el hábitat óptimo para los bisontes son las grandes praderas abiertas, un tipo de espacios que no son muy abundantes en Europa, debido a la elevada densidad de poblaciones humanas y el consecuente uso del suelo para actividades agrícolas. El hecho de obligar a estos animales a ocupar un hábitat subóptimo, deriva en inconvenientes para el desarrollo de las poblaciones, ya que los individuos ven reducida su eficacia biológica, lo que afecta a sus densidades.
  3. Enfermedades. El reducido tamaño de las subpoblaciones y su aislamiento puede contribuir a la expansión de ciertas enfermedades en los grupos, como las causadas por virus respiratorios, la tuberculosis bovina o los más de 90 tipos de parásitos detectados hasta ahora en la especie.
  4. Caza furtiva. En la década de 1990, esta actividad supuso un grave problema en Ucrania, llevando a una importante disminución de sus números e incluso a la extirpación completa de algunas manadas. En otros países, como Rusia, se da el mismo problema. A pesar de que en el este de Europa existen grandes praderas que pueden representar espacios adecuados para su reintroducción en estado salvaje, la inestabilidad política de la zona hace que finalmente no se opte por estos lugares. 
El bisonte europeo, con su imponente presencia y su historia de recuperación, tiene un enorme potencial como atractivo turístico. Su reintroducción en reservas naturales ofrece a los visitantes experiencias únicas de observación de fauna salvaje en paisajes abiertos. Además, su papel ecológico como "arquitecto del paisaje" añade valor educativo y medioambiental, atrayendo tanto a amantes de la naturaleza como a ecoturistas interesados en la conservación. En regiones rurales, puede convertirse en un catalizador del turismo sostenible y el desarrollo local.

Más información sobre el bisonte europeo: